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jueves, 18 de junio de 2026

La culpa no es del ciego

La culpa no es del ciego sino de         quien le da el garrote


Se dice coloquialmente: "La culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote".

El refrán conecta directamente con la figura del ciego y su guía en la novela picaresca “La vida de Lazarillo de Tormes”.

Aunque la frase exacta no aparece escrita de esa forma en el libro del siglo XVI, su lógica nace de la famosa y cruda relación entre sus protagonistas.

En la novela de autor anónimo, publicada en 1554, el primer amo del pequeño Lázaro es un ciego extremadamente astuto, avaro y violento.

El refrán se alimenta de esta dinámica por tres razones clave:

El "ciego" (El régimen putrefacto de Venezuela) que no es inocente: En el refrán, el ciego representa a quien actúa sin ver las consecuencias. En la novela, el ciego es el maestro que introduce a Lázaro en la mentira y la pura supervivencia a base de golpes.

La metáfora del garrote: Alude al bastón del ciego o al objeto con el que se causa daño. En el libro, los personajes se atacan constantemente: el ciego llega a romperle los dientes a Lázaro con un jarro de vino, y Lázaro se venga haciendo que el ciego salte con fuerza contra un poste de piedra.

El garrote de la infraestructura del terror:

El Helicoide, Boleíta, etc.

Cuerpos de represión: DGCIM, SEBIN, GNB, PNB, CICPC, etc.

Los colectivos armados.

La "Operación Tun Tun".

El garrote del hambre y el control social:

Soberanía alimentaria corporativizada (el carnet de la patria y las bolsas CLAP).

Economía ilícita (Narcotráfico, robo del tesoro público, y el Arco Minero, entre un largo etcétera).

El garrote judicial e institucional:

Tribunales subordinados.

Uso asimétrico de leyes antiterroristas.

Anulación del Debido Proceso.

El Tribunal Supremo de Justicia y la Fiscalía funcionan como el brazo ejecutor del palacio de Miraflores. Los jueces firman sentencias y órdenes de captura inconstitucionales.

El garrote digital y el cierre del espacio cívico:

La desinformación.

Censura mediática: Bloqueos HTTP/DNS dinámicos. El régimen apaga señales de televisión, bloquea portales de noticias web y persigue periodistas.

Ciberpersecución y leyes restrictivas: Leyes mordaza contra las ONG limitan el financiamiento internacional y criminalizan el registro legal de organizaciones sociales que asisten a víctimas.

Todo lo anterior deberá tener repercusiones y habrá justicia cuando la responsabilidad histórica y penal recaiga sobre la estructura criminal de la cúpula y su maquinaria sanguinaria.

Dar la herramienta del error: El refrán culpa a quien le da el arma al incapacitado. En la historia, la propia madre de Lázaro entrega al niño al ciego sabiendo lo desamparado que quedaría, iniciando una cadena de abusos donde todos justifican sus trampas por la miseria.

Por esta emblemática historia de la literatura española, la palabra "lazarillo" pasó a significar universalmente "guía de un ciego". De esa misma cultura popular decantó el refrán para recordarnos que quien facilita el peligro es el verdadero responsable del desastre.

El garrote venezolano

En el caso de Venezuela no cabe duda que la culpa de la debacle es de los venezolanos. Los venezolanos hicieron que el país se perdiera.

Le dieron el garrote a “Plasta Eterna”, un golpista con ideas marxistoides que le entregó la soberanía al “Sátrapa Cubano” en bandeja de plata y sin que este moviera un dedo.

Los venezolanos entronizaron a “Ñoña Batida”, un mequetrefe cucuteño inculto de última calaña (narcotraficante, asesino, ladrón, etc.).

Ahora le entregaron la soberanía al imperio yanqui. Venezuela está en manos de un sicópata esquizoide genocida. Un loco de carretera que debería estar tras las rejas por delincuente.

Se concluye que, si bien la cúpula gobernante y su maquinaria represiva son los ejecutores directos de la destrucción y deberán enfrentar la correspondiente justicia penal e histórica, la lección cultural del refrán permanece como una advertencia para el futuro: las sociedades son responsables de los monstruos que crean.

Reconstruir la nación implicará, necesariamente, aprender a no volver a darle jamás el garrote del poder a delincuentes.

La paradoja a resolver será: ¿A quién darle el garrote si los políticos y militares son ladrones por definición?

Al final, abolir la ignorancia poblacional generalizada deberá ser la principal tarea a afrontar en el futuro, aunque para ello deban pasar cientos de generaciones.

¡Duélale a quien le duela!


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