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jueves, 7 de mayo de 2026

Desde Venezuela - The New York Times

 

El último piso del Marriott es la sede de facto de la embajada estadounidense en Caracas.Credit...


Desde Venezuela

 Diplomáticos, espías y guacamayas convergen en este hotel de Caracas

The New York Times

 

El último piso del Marriott es la sede de facto de la embajada estadounidense en Caracas.Credit...Todd Heisler/The New York Times

El JW Marriott se ha convertido en la embajada de facto para diplomáticos estadounidenses mientras inversionistas buscan su siguiente gran negocio en el país sudamericano en el lobby.

 

Por Simon Romero. Fotografías por Todd Heisler

Reportando desde Caracas, Venezuela

6 de mayo de 2026

Desde el exterior, el JW Marriott de Caracas tiene un aspecto bastante normal: una torre de 17 pisos de ladrillo expuesto situada en un distrito financiero que antaño fue vibrante, pero que ahora está apagado.

Pero si uno se adentra en su cavernoso vestíbulo climatizado, es obvio que no se trata de un hotel cualquiera.

Un grupo de estadounidenses fornidos, tatuados y bigotudos, que parecen sacados del reparto para una unidad de operaciones especiales vestida de civil, merodean por la entrada y evalúan a quienes entran, negándose a decir qué hacen allí.

En la terraza del hotel, se oye a los petroleros tejanos discutir en voz baja sobre posibles tratos mientras beben vasos de whisky. Escucha con atención y otras conversaciones entran en escena: financieros neoyorquinos discutiendo el valor de los bonos venezolanos impagados o diplomáticos estadounidenses lamentando la calidad del bufé del desayuno.

En lo que a lugares de escucha se refiere, el Marriott podría ser el mejor ejemplo del cambio que ha experimentado Venezuela, al pasar de ser un incordio para Washington a convertirse en algo parecido a un estado vasallo, luego de que las fuerzas estadounidenses capturaran y sacaran por la fuerza al anterior líder del país en enero.

Un hombre sentado en una mesa bajo una sombrilla en la terraza de un hotel de exuberante vegetación.

En la terraza del hotel, se oye a unos petroleros tejanos discutir en voz baja sobre posibles acuerdos mientras beben vasos de whisky.

“Sin duda alguna, es donde está la movida”, dijo Ricardo Cusanno, un empresario venezolano que se reunió con varias delegaciones visitantes de inversionistas estadounidenses en el hotel en las últimas semanas. “Ahorita el Marriott es el epicentro de todo el cambio económico y político de Venezuela”.

En parte, eso se debe a que el último piso del Marriott sirve como sede de facto de la embajada estadounidense, lo que lo convierte en un hervidero de actividad tanto para diplomáticos como para funcionarios de los servicios de inteligencia. Decenas de estadounidenses recién llegados, incluido el principal enviado, John Barrett, han hecho del hotel su hogar temporal.

Esto se debe a que la colosal embajada estadounidense, situada a menos de tres kilómetros de distancia, está en reparaciones para hacerla funcional luego de que fuera desalojada en 2019 cuando Venezuela rompió sus lazos diplomáticos con Estados Unidos.

La embajada de EE. UU. en Caracas está siendo reparada.

Dos hombres con traje negro caminan bajo un toldo de hormigón en la embajada de EE. UU. en Caracas.

En el piso 17 del Marriott, detrás de unos postes y un cartel que dice “Área restringida solo personal autorizado”, el Departamento de Estado ha instalado su improvisada embajada en varias suites.

Los empleados trabajan en espacios reducidos en mesas de conferencias y escritorios temporales. Los ejecutivos de negocios son invitados a reunirse con Barrett, el encargado de negocios, en una suite reconfigurada como sala de conferencias adornada con banderas estadounidenses.

Por ahora, la presencia estadounidense se limita en gran medida al Marriott y a las cuadras circundantes. Aunque Caracas es más segura que en el pasado, el Departamento de Estado aconseja a los viajeros que tomen precauciones para evitar ser víctimas de la delincuencia.

El personal de la embajada tiene restringido aventurarse lejos de las inmediaciones del hotel, lo que efectivamente significa que tratan de descifrar un país aproximadamente dos veces el tamaño de California sin poder circular ampliamente por su capital.

En el exterior de la entrada del Marriott, una flota de camionetas Nissan Patrol blancos, recientemente transportadas por vía aérea a Venezuela para uso de la embajada, permanece preparada.

Guacamayas en un balcón del hotel.

Dos guacamayas azules sentadas en un balcón junto a plantas verdes y amarillas.

Varios estadounidenses que viven en el Marriott, que cuenta con 269 habitaciones, una piscina exterior y un gimnasio, se negaron a hacer comentarios porque no estaban autorizados a hablar con periodistas.

Aun así, algunos de los estadounidenses accedieron a hablar siempre que no se les mencionara por su nombre. La mayoría trató de destacar los aspectos positivos de sus experiencias, como el balcón de una suite del último piso con amplias vistas que se ha convertido en un lugar popular para observar a las coloridas guacamayas de la ciudad.

Las decenas de diplomáticos estadounidenses que han aterrizado recientemente en la ciudad intentan que su estancia sea más permanente e identifican posibles departamentos para alojar al personal.

Por ahora, encuentran refugio en el Marriott, uno de los últimos hoteles que quedan en Venezuela donde los huéspedes pueden ganar puntos en un programa de fidelidad con sede en Estados Unidos luego de que Venezuela nacionalizara el icónico Caracas Hilton y otros hoteles del país.

El Marriott, donde las habitaciones cuestan unos 250 dólares la noche, parece no estar preparado para la repentina afluencia de diplomáticos, espías y buscadores de fortuna de diversa índole.

El gerente del Marriott, de propiedad local y gestionado en virtud de un acuerdo con Marriott International, no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.

Los ascensores son lentos y suelen tardar en abrirse en cada planta. A veces hay que pulsar repetidamente los botones para que suban o bajen.

El hotel cuenta con 269 habitaciones, una piscina exterior y un gimnasio.

Dos palmeras se alzan frente a un alto hotel de ladrillo.

Los huéspedes se quedan regularmente fuera de sus habitaciones porque las pilas de los lectores de llaves digitales de las puertas dejaron de funcionar. El desayuno cuesta unos 32 dólares por persona por unos huevos revueltos aguados y un yogur que es —¿cómo decirlo?— de procedencia aparentemente cuestionable.

Tampoco es el hotel más exclusivo de Caracas; esa distinción pertenece al Cayena, un hotel de lujo donde las habitaciones cuestan aproximadamente el doble que en el Marriott. Algunos visitantes extranjeros se alojan allí, aunque acaben haciendo negocios en el Marriott.

El Marriott tampoco goza de la mejor ubicación. Los viajeros suelen optar en su lugar por el Renaissance (también operado bajo un acuerdo de franquicia con Marriott International), a poca distancia de numerosos restaurantes, bares, parques y rutas de senderismo.

Tales opciones de alojamiento siguen fuera del alcance de la gran mayoría de los venezolanos, quienes aún esperan que la reciente agitación política marque una diferencia en su vida

“Mientras eso pasa, gran parte de la transformación que tanto esperan se está cuadrando desde el Marriott”, dijo Jorge Barragán, asesor de riesgos políticos de Orinoco Research, una empresa de inteligencia política de Caracas.

 

Tyler Pager colaboró con reportería.

 

Simon Romero es corresponsal del Times y cubre México, América Central y el Caribe. Reside en Ciudad de México.

 

Todd Heisler es fotógrafo del Times y reside en Nueva York. Ha sido fotoperiodista durante más de 25 años.


jueves, 29 de enero de 2026

CARTA ABIERTA A LA VERGÜENZA NACIONAL: VLADIMIR PADRINO LÓPEZ - CARIVE

Ciudadano

@vladimirpadrino

 

Hay manchas que no se quitan con detergente, sino que se graban en el ADN de la historia. Usted no solo es el General que permitió la destrucción de la República; usted es el sepulturero del honor militar venezolano.

Bajo su mando, la Fuerza Armada Nacional ha dejado de ser el escudo de la nación para convertirse en una estructura de custodia criminal. Lo que antes era el estandarte de Bolívar, hoy es una organización que el mundo observa con asco y desprecio. Usted ha logrado lo impensable: que el uniforme de un General de la República no inspire respeto, sino sospecha y náuseas.

La realidad es una sola y es pública:

El General con Precio: Usted pasará a la historia como el oficial cuyo valor no se mide por sus batallas, sino por una recompensa de 15 millones de dólares (y el ascenso de la cifra por sus cómplices). Su cabeza tiene precio en los tribunales internacionales de justicia, no por ser un "patriota", sino por ser el guardaespaldas de un cartel.

La FAN Podrida: Usted preside una institución maloliente, donde la meritocracia fue sustituida por la lealtad al crimen. Ha permitido que el hambre humille a la tropa mientras la cúpula se reparte el botín de la soberanía entregada.

Humillación en Vivo y Directo: El mundo fue testigo de cómo la estructura que usted "protegía" fue desmantelada, con jefes llevados ante la justicia extranjera mientras usted balbuceaba excusas desde un escritorio. Usted no es un General de combate; es un conserje del oprobio.

Sepa esto: En los manuales de historia militar universal, su nombre no aparecerá en el capítulo de los valientes, sino en el de las curiosidades patológicas de la traición. Usted ha convertido a la FAN en una vergüenza mundial, una caricatura de fuerza armada que solo sirve para perseguir civiles mientras se arrodilla ante intereses transnacionales y criminales.

Usted ya no es un oficial. Usted es un objetivo judicial que viste de verde oliva. La institución está herida de muerte por su culpa, pero el honor será rescatado por aquellos que no vendieron su alma por una cuota de poder en un barco que ya se hundió.

A la FAN le queda el uniforme, pero a usted ya no le queda ni el nombre.

 

CARIVE

(Coalición Activa de la Reserva Internacional Venezolana).


martes, 20 de enero de 2026

Un preso político venezolano al fin vuelve a casa - The New York Times

 

        Ángel Godoy abraza a su esposa, Adriana Briceño, tras llegar a casa. Pasó un año en la cárcel.

 

Un preso político venezolano al fin vuelve a casa

Por Isayen Herrera y James Wagner

Fotografías por Alejandro Cegarra

Isayen Herrera informó desde Caracas y Los Teques, Venezuela. 

James Wagner informó desde Ciudad de México.

20 de enero de 2026

 

Ángel Godoy fue encarcelado luego de escribir columnas que irritaron al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Ahora su familia intenta recuperar el tiempo perdido.

Luego de un año tras las rejas como preso político bajo el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, una de las primeras cosas que hizo Ángel Godoy fue pedir disculpas.

Liberado el pasado miércoles, Godoy, activista político y columnista, regresó a su casa de Los Teques, a 40 minutos de la capital, Caracas, donde su hijo le mostró una foto de su graduación de bachillerato.

“Perdón por no estar”, susurró Godoy.

“Ahora estás”, respondió su hijo, Miguelangel Godoy Briceño. “Y necesito que me ayudes a estudiar en la universidad”.

Ángel Godoy, de 52 años, recorrió las paredes de su apartamento y tocó las fotos familiares para confirmar que aquél era su hogar. En la sala había un póster con su cara que su mujer había utilizado como telón de fondo en todos los videos que grabó sobre la detención de su marido el 8 de enero de 2025.

Tomó un rotulador y escribió sobre él en letras grandes: LIBERADO.

Antes de ser liberado, los familiares de Godoy esperaban noticias sobre la anunciada liberación del preso político.
Briceño esperaba noticias sobre su marido. Había dejado la mesa decorada para Navidad.

Godoy y su familia llevaban 371 días esperando este momento, pero sus esperanzas aumentaron a principios de este mes, después de que el presidente Nicolás Maduro fuera apresado por fuerzas estadounidenses en Caracas y el gobierno venezolano anunciara que comenzaría a liberar a “un número importante” de presos políticos.

Godoy es uno de los afortunados. Hasta la fecha, solo 143 de los casi 900 presos políticos que se calcula que hay en Venezuela han sido puestos en libertad, según Foro Penal, uno de los principales grupos de derechos humanos. Y gran parte de la maquinaria represiva del gobierno de Maduro permanece prácticamente intacta.


Briceño y Godoy en una foto familiar.

La familia de Godoy ante su prisión, esperando a que lo liberen.

Fue ese mismo aparato el que secuestró a Godoy cuando llegaba a su casa hace un año y lo acusó de terrorismo e instigación o incitación al odio y a las acciones armadas. Godoy ha negado estas acusaciones, que son habituales contra los presos políticos en Venezuela.

Godoy dijo que unos hombres enmascarados habían saltado de una camioneta sin matrícula y con los cristales ahumados, y se lo habían llevado. Aunque los hombres no llevaban insignias oficiales, Godoy gritó a sus vecinos que se trataba de la agencia de inteligencia del país, acusada de numerosas violaciones de derechos humanos, y les pidió que se lo dijeran a su esposa.

Durante los 25 días siguientes, sus familiares no supieron nada de él. No lo vieron durante 96 días.

Godoy estuvo recluido en varias prisiones, entre ellas El Helicoide, el tristemente célebre edificio de Caracas que se construyó como el primer centro comercial de autoservicio del mundo, pero que se convirtió en un centro de tortura, según afirman grupos de derechos humanos. Calificó de “vergonzoso” su proceso judicial y su comparecencia por teléfono.

“Él está detrás de los barrotes”, dijo su esposa, Adriana Briceño. “Pero nosotros también como familia”.


Un afectuoso saludo de una vecina tras su liberación.

Mientras estaba en prisión, Godoy y su esposa desde hace 19 años mantuvieron viva la esperanza gracias al amor que se profesaban.

Durante meses, Briceño utilizó golosinas para enviar mensajes escribiendo palabras de ánimo o notas sobre noticias domésticas dentro de los envoltorios. Godoy le contestaba en pequeños trozos de papel doblados, escondidos entre la ropa sucia que su esposa recogía los días de visita.

“Te amo más que la vida misma”, escribió Godoy en una.

Godoy guardó todos los envoltorios de golosinas. Pero cuando lo trasladaron a otra prisión, todo se quedó en su antigua celda. Para sorpresa de su esposa, los guardias le dieron todos esos recuerdos cuando ella recuperó sus pertenencias.


Godoy llegaba a casa tras su liberación.

Abrazaba a una amiga y vecina.

El día que Godoy fue liberado, su esposa recibió la noticia justo cuando entraba en la prisión para una visita.

Cuando Godoy oyó que decían su nombre para la excarcelación, “aquello explotó”, dijo. Sus compañeros de prisión le abrazaron. “Yo decía, ‘Dios mío’”, recordó. “No lo podía creer. Todo el mundo gritaba: ‘Libertad, libertad, libertad’”.

Fuera, Godoy vio un país marcado por los ataques estadounidenses. De vuelta a casa con su mujer y su cuñado, les habló de su estancia tras las rejas.

“Que no repitamos esta oscuridad”, dijo.

Los vecinos de Godoy lo recibieron con abrazos y lágrimas.

Briceño le entregaba a Godoy su viejo juego de llaves tras llegar a su casa.

Dentro del apartamento de Godoy había recuerdos de una vida interrumpida.

La mesa del comedor seguía puesta con adornos navideños. En el congelador había una tradicional hallaca navideña que su mujer había reservado para él, por si acaso.

Algunos de los objetos habían venido de la prisión, entre ellos un hosco osito de peluche hecho por otros presos con retales de tela de un colchón de la celda de Godoy, regalo de aniversario de boda para su esposa. También había una pelota de tela cubierta de mensajes para su hijo. Para sacar la pelota de la cárcel a través de su esposa, Godoy negoció con el alcaide y permitió que se inspeccionara minuciosamente cada palabra.

En un rincón del apartamento de la familia había una mesa de plástico desgastada. Godoy utilizaba la mesa en su celda, y su familia la recuperó tras su traslado a otra prisión. En su superficie había escrito un versículo de la Biblia: “Aunque pase por quebradas oscuras no temo ningún mal”.


Godoy miraba una fotografía de su hijo en el día de su graduación, a la que faltó.

Godoy comía un plato navideño tradicional venezolano que le preparó Briceño.

Aunque Godoy está libre, las autoridades venezolanas mantienen control sobre él. Tiene prohibido salir del país y debe comparecer ante un tribunal cada 30 días.

Pero aquella primera tarde fuera de la cárcel, Godoy se sentó a la misma mesa que su mujer había mantenido decorada. Y comió los mismos alimentos que ella había guardado para él.

De verdad estaba en casa.


De nuevo en casa después de un año.