Un preso político venezolano al fin vuelve a casa
Por Isayen
Herrera y James Wagner
Fotografías
por Alejandro Cegarra
Isayen Herrera informó desde Caracas y Los Teques, Venezuela.
James Wagner informó desde Ciudad de México.
20 de enero de 2026
Ángel Godoy fue encarcelado luego de escribir
columnas que irritaron al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Ahora su
familia intenta
Luego de un año tras las rejas como preso político
bajo el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, una de las primeras cosas que
hizo Ángel Godoy fue pedir disculpas.
Liberado el
pasado miércoles, Godoy, activista político y columnista, regresó a su casa de
Los Teques, a 40 minutos de la capital, Caracas, donde su hijo le mostró una
foto de su graduación de bachillerato.
“Perdón por no estar”, susurró Godoy.
“Ahora estás”, respondió su hijo, Miguelangel
Godoy Briceño. “Y necesito que me ayudes a estudiar en la universidad”.
Ángel Godoy, de 52 años, recorrió las paredes de
su apartamento y tocó las fotos familiares para confirmar que aquél era su
hogar. En la sala había un póster con su cara que su mujer había utilizado como
telón de fondo en todos los videos que grabó sobre la detención de su marido el
8 de enero de 2025.
Tomó un rotulador y escribió sobre él en letras grandes: LIBERADO.
Antes de ser liberado, los familiares de Godoy
esperaban noticias sobre la anunciada liberación del preso político.Godoy y su familia llevaban 371 días esperando
este momento, pero sus esperanzas aumentaron a principios de este mes, después
de que el presidente Nicolás Maduro fuera apresado por fuerzas estadounidenses
en Caracas y el gobierno venezolano anunciara que comenzaría a liberar a “un
número importante” de presos políticos.
Godoy es uno de los afortunados. Hasta la fecha,
solo 143 de los casi 900 presos políticos que se calcula que hay en Venezuela
han sido puestos en libertad, según Foro Penal, uno de los principales grupos
de derechos humanos. Y gran parte de la maquinaria represiva del gobierno de
Maduro permanece prácticamente intacta.
Fue ese mismo aparato el que secuestró a Godoy
cuando llegaba a su casa hace un año y lo acusó de terrorismo e instigación o
incitación al odio y a las acciones armadas. Godoy ha negado estas acusaciones,
que son habituales contra los presos políticos en Venezuela.
Godoy dijo que unos hombres enmascarados habían
saltado de una camioneta sin matrícula y con los cristales ahumados, y se lo
habían llevado. Aunque los hombres no llevaban insignias oficiales, Godoy gritó
a sus vecinos que se trataba de la agencia de inteligencia del país, acusada de
numerosas violaciones de derechos humanos, y les pidió que se lo dijeran a su
esposa.
Durante los 25 días siguientes, sus familiares no
supieron nada de él. No lo vieron durante 96 días.
Godoy estuvo recluido en varias prisiones, entre
ellas El Helicoide, el tristemente célebre edificio de Caracas que se construyó
como el primer centro comercial de autoservicio del mundo, pero que se
convirtió en un centro de tortura, según afirman grupos de derechos humanos.
Calificó de “vergonzoso” su proceso judicial y su comparecencia por teléfono.
“Él está detrás de los barrotes”, dijo su esposa,
Adriana Briceño. “Pero nosotros también como familia”.
Mientras estaba en prisión, Godoy y su esposa
desde hace 19 años mantuvieron viva la esperanza gracias al amor que se
profesaban.
Durante meses, Briceño utilizó golosinas para
enviar mensajes escribiendo palabras de ánimo o notas sobre noticias domésticas
dentro de los envoltorios. Godoy le contestaba en pequeños trozos de papel
doblados, escondidos entre la ropa sucia que su esposa recogía los días de
visita.
“Te amo más que la vida misma”, escribió Godoy en
una.
Godoy guardó todos los envoltorios de golosinas.
Pero cuando lo trasladaron a otra prisión, todo se quedó en su antigua celda.
Para sorpresa de su esposa, los guardias le dieron todos esos recuerdos cuando
ella recuperó sus pertenencias.
El día que Godoy fue liberado, su esposa recibió
la noticia justo cuando entraba en la prisión para una visita.
Cuando Godoy oyó que decían su nombre para la
excarcelación, “aquello explotó”, dijo. Sus compañeros de prisión le abrazaron.
“Yo decía, ‘Dios mío’”, recordó. “No lo podía creer. Todo el mundo gritaba:
‘Libertad, libertad, libertad’”.
Fuera, Godoy vio un país marcado por los ataques
estadounidenses. De vuelta a casa con su mujer y su cuñado, les habló de su
estancia tras las rejas.
“Que no repitamos esta oscuridad”, dijo.
Los vecinos de Godoy lo recibieron con abrazos y
lágrimas.
Dentro del apartamento de Godoy había recuerdos de
una vida interrumpida.
La mesa del comedor seguía puesta con adornos navideños. En el congelador había una tradicional hallaca navideña que su mujer había reservado para él, por si acaso.
Algunos de los objetos habían venido de la
prisión, entre ellos un hosco osito de peluche hecho por otros presos con
retales de tela de un colchón de la celda de Godoy, regalo de aniversario de
boda para su esposa. También había una pelota de tela cubierta de mensajes para
su hijo. Para sacar la pelota de la cárcel a través de su esposa, Godoy negoció
con el alcaide y permitió que se inspeccionara minuciosamente cada palabra.
En un rincón del apartamento de la familia había
una mesa de plástico desgastada. Godoy utilizaba la mesa en su celda, y su
familia la recuperó tras su traslado a otra prisión. En su superficie había
escrito un versículo de la Biblia: “Aunque pase por quebradas oscuras no temo
ningún mal”.
Aunque Godoy está libre, las autoridades
venezolanas mantienen control sobre él. Tiene prohibido salir del país y debe
comparecer ante un tribunal cada 30 días.
Pero aquella primera tarde fuera de la cárcel,
Godoy se sentó a la misma mesa que su mujer había mantenido decorada. Y comió
los mismos alimentos que ella había guardado para él.
De verdad estaba en casa.











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