Análisis de entorno | La “exfiltración” de María Corina Machado le pone un límite al chavismo que ya no gobierna, sino que sobrevive.
Es
el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se
pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo
entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.
Por
Benjamín Tripier.
diciembre
14, 2025 5:55 am.
El
entorno de esta semana no admite dudas: el cambio en Venezuela ya no es un
deseo, es un proceso en marcha, avanzado y prácticamente irreversible. El
chavismo está acorralado como nunca antes, con sanciones que ya no son
cosméticas o comunicacionales, sino que son estructurales; aislamiento
diplomático que se vuelve asfixia, y una legitimidad interna que se desangra
día tras día.
Lo
que queda del chavismo en el “poder” ya no gobierna; sobrevive. Y sobrevive
mal. En ese tablero, la “exfiltración” de María Corina Machado no es derrota ni
huida, sino que es el movimiento más audaz y estratégico que se ha visto en
décadas, y, cuya épica, terminó arrasando con cualquier dialéctica manejada por
las izquierdas latinoamericanas y europeas… Porque en Venezuela, ya no queda
izquierda, sino saqueo en un ambiente de sálvese quien pueda.
Es
el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se
pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo
entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.
Machado
no se fue: se colocó exactamente donde tenía que estar para dirigir la fase
final desde una posición de fuerza moral y operativa que el régimen ya no puede
tocar. E inclusive, su llegada tardía a Oslo y las peripecias en alta mar,
construyeron una épica inesperada, adicional a la que ya tiene bien ganada.
Porque
ahora el eje moral y político del país está claramente definido: María Corina
representa al 90 % que exige transición ordenada y sin revancha; el otro 10 %
se aferra a un poder que cada día cuesta más caro en sangre, dólares y
vergüenza internacional.
El
control real del chavismo ya no lo tiene Maduro desde el mismo 28J24 cuando
quiso reconocer a Edmundo como ganador y no lo dejaron. El verdadero jefe,
desde entonces, es Diosdado Cabello, como el verdadero núcleo de resistencia;
Maduro hace rato que dejó de ser el problema, habiéndose convertido en el
“prisionero VIP”, y la cara visible a la que le caerá todo el peso del castigo.
Es el síntoma que muestra que la infección existe y es muy grande.
La
organización interna de la oposición sigue viva y disciplinada, siguiendo el
liderazgo de María Corina e impulsando la toma de posesión de Edmundo González
Urrutia como presidente electo; operando bajo las nuevas y duras condiciones
que impone la CBBI omnipresente. La CBBI en Venezuela son los Comités Bolivarianos
de Base Integral, una nueva estructura organizativa del Poder Popular
juramentada en noviembre de 2025, que busca fortalecer la organización
comunitaria, la defensa integral del territorio y apoyar la consolidación de
Comunas y Consejos Comunales, bajo el liderazgo del gobierno y el PSUV; como
una instancia inferior de los más grandes Comandos Comunitarios Bolivarianos
Integrales (CCBI).
Los
planes legales para la justicia anticipada contra esos dirigentes y su red ya
están listos y en manos correctas. El retorno de María Corina no será un gesto
simbólico ni un sacrificio: será bajo las únicas condiciones que garantizan
victoria y no martirio. La solidaridad internacional ya no es solo la de
Washington; se está construyendo desde toda América Latina, porque esta lucha
dejó de ser venezolana para convertirse en continental.
Claro,
salvedad hecha del jefe y fundador del Foro de Sao Paulo Lula Dasilva, del otro
jefe narco el ex M-19 Gustavo Petro, y, desde México, en un gobierno cooptado
por el narco, Claudia Sheinbaum que presenta “éxitos” contra el narco; pero,
por dar solo un ejemplo, documentos filtrados revelan que uno de los mayores
decomisos fue una farsa: no era heroína, era diésel. Los tres son parte del
grupo que le ganan al chavismo, todos los días, “un día más”.
Es
de imaginar que es para evitar que sea capturado como un “activo con mucha
información” que los involucre a ellos, de la forma que el Pollo Carvajal ya
involucró a Rodríguez Zapatero… Ahí, en esa lista casi seguramente deben estar,
además, Sánchez, AMLO, Lugo, Evo, Arce, Lula, Dilma, Néstor y Cristina, Petro,
Juan González, Rafael Correa y Pepe Mujica. Así como otros europeos que dejaron
tan mal a la izquierda en su reputación.
Es
que claro… la izquierda estaba “diseñada” para ser oposición y contra peso de
los gobiernos capitalistas que son los que construyeron el mundo de progreso
que tenemos hoy. Pero desde que comenzaron a ganar gobiernos, y se dieron
cuenta que no podrían terminarlos bien sin hacer trampa; porque gastaban más de
lo que les ingresaban y lo gastaban mal y lo robaban o usaban para soborno… Y
para eso entraron en las drogas, la trata y el lavado… en fin… un verdadero
desastre.
Y
el tiempo, como siempre, es el árbitro implacable: la “exfiltración” de María
Corina abre una ventana crítica de presión máxima (bloqueos, designaciones
terroristas, Nobel incluido). En ese lapso, habrá que estar atentos al chavismo
que está en colapso terminal, para intentar frustrar toda represalia efectiva
contra la estructura interna; y hay que preparar la entrada triunfal de Machado
bajo condiciones que nadie pueda revertir.
Si
se logra, la transición será inevitable. Pero si se desperdicia, ese momentum
se agotará y el chavismo podrá seguir intentando su recomposición bajo el mando
real de Cabello, siempre en el esquema de “un día más” todos los días. El
tablero está en la mitad del juego, las piezas mayores ya se movieron y no hay
marcha atrás. Los próximos días, o semanas decidirán cuando Venezuela entra al
siglo XXI.
El
Análisis de Entorno de esta semana confirma que el cambio político en Venezuela
ya dejó de ser una aspiración para convertirse en un proceso en fase avanzada y
difícilmente reversible, con un chavismo acorralado por sanciones
estructurales, aislamiento internacional y una pérdida casi total de
legitimidad interna.
Al
mismo tiempo, la figura de María Corina Machado se consolida como eje moral y
político del 90% del país que exige transición, mientras el 10% restante se
aferra a un poder cada vez más costoso de sostener. Porque en realidad se trata
de un enfrentamiento espiritual de la lucha de las fuerzas del Bien, contra las
fuerzas del mal, representadas por este grupo que trafica drogas, oro, personas
y petróleo; y que captura, desaparece, tortura y mata gente por pensar
diferente, y que roba y destruye bienes públicos e infraestructura; sumado a la
destrucción moral y de autoestima del pueblo, además de haber impulsado la
emigración de 9 millones de venezolanos, entre los cuales, para colmo, infiltró
a los monstruos del tren de Aragua.
Entorno
internacional y bloqueo
El
bloqueo total de Estados Unidos sobre Venezuela y la designación del Cartel de
los Soles como organización terrorista no responden a peticiones de María
Corina, sino a la necesidad unilateral de Washington de contener lo que ellos
definieron en 2014 con una orden ejecutiva de Obama, renovada año tras año por
cada presidente norteamericano, como una “amenaza inusual y extraordinaria”
derivada de la presencia en territorio venezolano de redes como Hezbollah, la
Guardia Revolucionaria iraní, ELN, FARC residuales, el Tren de Aragua y, entre
otros no nombrados, la estructura narco-terrorista del Cartel de los Soles.
Esta
combinación convierte al chavismo que está gobernando de facto, en un nodo de
riesgo transnacional que los Estados Unidos y aliados ya tratan como problema
de seguridad propia, no como un simple diferendo político con Caracas… pobre
Caracas y pobre Venezuela en manos de esta gente.
En
este contexto, cualquier escenario de acción militar o presión coercitiva
adicional se entiende como respuesta a ese entramado criminal y terrorista, no
como instrumento de una agenda personal de la oposición. Para Venezuela, esto
significa que el costo internacional de sostener al chavismo en su versión
Maduro–Cabello aumenta día a día, mientras la ventana para una salida ordenada
se estrecha cada día más.
Correlación
interna de fuerzas
A
nivel interno, el proceso de cambio ha madurado silenciosamente hasta
configurar una mayoría social estimada en 80–90% a favor de la transformación
democrática que encarna María Corina, incluso tras su “exfiltración” y la
reorganización del liderazgo desde el exterior. El sistema de control
territorial mediante CBBI y estructuras represivas solo logra administrar el
miedo, pero no reconstruye adhesión ni legitimidad real.
Si
no que les pregunten a las decenas de
puntos de control militar en la carretera, durante las 5 horas y 25 minutos que
usualmente se toma para recorrer los 406 kilómetros entre Caracas y Cumarebo,
Estado Falcón, punto en el cual, dice una de las versiones, se “montó en un
peñero”.
Ese
desequilibrio entre una base social masiva motivada por el cambio, y una élite
minoritaria aferrada al poder, explica la escalada represiva y comunicacional
del 10% restante que sigue defendiendo a este sistema salvaje de muerte y
empobrecimiento.
La
represión física y emocional, junto con la fabricación de matrices de opinión
destinadas a justificar que el chavismo se quede “un día más”, son expresiones
del cálculo de supervivencia de quienes saben que cada jornada adicional en el
poder es un día menos para enfrentar responsabilidades judiciales y políticas.
Y allí se incluyen comentaristas
de política y economía, encuestadores, empresarios, funcionarios públicos y
militares, así como políticos alacranes quienes, con la “excusa” de la defensa
de la soberanía, ignoran, a propósito, que fueron ellos mismos los que se la
entregaron a Cuba, Irán, Rusia y los grupos terrorista mencionados más arriba…
la soberanía ya está perdida… Lo que se espera que hagan los países aliados es
ayudar a restaurarla.
No
como Libia e Irak como ellos pregonan (siendo que hoy Venezuela se parece más a
Haití que a Guatemala, último referente de comparación de PBI y está peor que
Irak o Libia), sino como Alemania, Japón, Corea y Singapur, que son sociedades
icónicas que se desarrollaron desde los escombros, y hoy son potencias
mundiales. Eso es lo que se espera: Recuperar la soberanía para poder lanzarnos
al futuro exitoso que nos merecemos y podemos lograr.
La
naturaleza del gobierno de facto
La
información disponible confirma que Diosdado Cabello concentra el poder real
sobre las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia, las estructuras
criminales y la red mediática orgánica, mientras Maduro opera como fachada
institucional y sostiene algún peso limitado sobre lo institucional y
económico, siempre bajo la mirada atenta del auto nombrado ministro del interior.
Esta
configuración obliga a entender al chavismo en el poder más como coalición
narcoterrorista-militar-paraestatal que como un gobierno convencional, con
Cabello como operador central del Cartel de los Soles y articulador de los CBBI
y los colectivos. Ah… y en cuanto a la
vocería y las relaciones
internacionales, Maduro es percibido como el vocero del pensamiento de
Diosdado. Como se entenderá,
estos cuadros de situación
que uno va presentando en los análisis, solo pueden construirse basados
en fuentes abiertas, ya sean oficiales u oficiosas, e información privilegiada
de alta credibilidad.
En
ese marco, la persecución contra colaboradores internos, la intensificación de
la vigilancia comunitaria y la criminalización del liderazgo democrático no son
signos de fortaleza, sino reflejos de un sistema que necesita elevar el costo
del disenso porque ha perdido la capacidad de integrar y persuadir.
La
creciente dependencia del chavismo de su dimensión criminal y represiva acelera
su incompatibilidad con cualquier normalización internacional de mediano plazo.
Inminencia
del cambio
La
“exfiltración” de María Corina no debe leerse como retirada, sino como
reposicionamiento estratégico que permite preservar el liderazgo de la
transición en un momento de máxima vulnerabilidad del chavismo por bloqueo,
aislamiento y fracturas internas latentes.
El
premio Nobel de la Paz y la articulación de alianzas regionales y globales
refuerzan la percepción de inevitabilidad del cambio y elevan el costo de
cualquier intento de eliminación física del liderazgo democrático.
Al
interior, la transición avanza bajo lógica de acumulación silenciosa, a través
de redes clandestinas reorganizadas frente a los CBBI, mujeres y estructuras
comunitarias como vectores de resistencia de baja exposición, y una ciudadanía
que percibe que el tiempo político dejó de jugar a favor del chavismo.
La
combinación de presión externa estructural y mayoría interna consolidada hace
que la pregunta ya no sea si habrá transición, sino cómo se gestionará su ritmo
y su nivel de orden o caos.
Actualización
de escenarios
Escenario
optimista: salida negociada
Con
la cada vez más baja probabilidad de ocurrencia, pudiera fortalecerse si se
desagrega en un resultado de un ataque fuerte (no deseado y nunca pedido por
María Corina) y una negociación posterior a la luz del daño infligido. Porque
la combinación de bloqueo total, designación del Cartel de los Soles como
organización terrorista y erosión interna hace que la cúpula termine
entendiendo, antes o después, que el costo de permanecer se volvió mayor que el
de negociar. La FANB comienza a marcar distancia, no por convicción democrática
repentina, sino por instinto de preservación corporativa ante el riesgo de
quedar asociada de forma irreversible a una estructura narco-terrorista.
Escenario
“inocuo”: un día más, todos los días
Aquí
el gobierno de facto intenta seguir administrando la supervivencia, aplazando
decisiones de fondo y apostando a que el tiempo todavía puede jugar a su favor.
Sin embargo, a diferencia de momentos anteriores, la inercia ya no depende solo
de la voluntad de Maduro–Cabello, sino del punto en el que la combinación de
sanciones, aislamiento y operaciones de seguridad de Estados Unidos haga
insostenible el statu quo.
El
“un día más” se convierte en un cálculo de riesgo creciente: cada jornada
añadida en el poder aumenta la exposición penal de la cúpula y endurece la
respuesta internacional, mientras el país se hunde en deterioro institucional y
económico. En este escenario, la transición no desaparece, solo se retrasa y
llega con más daño acumulado y un margen de maniobra menor para todos los
actores.
Escenario
pesimista: extracción forzosa y desmantelamiento del cartel
El
escenario pesimista –que no es el deseo de la oposición democrática- tiene una
probabilidad muy alta de ocurrencia, y es la consecuencia de que el chavismo
sigue manteniendo para EEUU su condición de “amenaza inusual y extraordinaria”
al persistir en su rol de plataforma para redes terroristas y narcotráfico de
Estado. Si la cúpula ignora todas las señales y se cierra a cualquier salida negociada,
la opción que queda a los actores de seguridad internacional es el uso
focalizado de la fuerza para neutralizar la cúpula y desarticular el Cartel de
los Soles.
Lo
anterior implicaría operaciones quirúrgicas sobre mandos claves, mayor involucramiento
de actores externos y un período de inestabilidad significativa en el
territorio hasta que una autoridad legítima logre ocupar el vacío. Desde la
perspectiva de Venezuela, es el escenario más costoso en vidas, infraestructura
y tejido social, y refuerza el mensaje de que el único espacio racional para la
cúpula hoy está en el escenario optimista de salida pactada bajo un marco de
justicia transicional, y no en prolongar el “un día más” hasta forzar una
intervención por la fuerza.
Recomendaciones
Para
el gobierno de facto (saliente):
Comprender
que prolongar el status quo bajo mando de Cabello y Maduro solo incrementa el
riesgo personal y patrimonial de la cúpula, dada la naturaleza terrorista y
narco-criminal ya reconocida internacionalmente del Cartel de los Soles
Explorar
canales de salida que reduzcan el costo humano y faciliten acuerdos de justicia
transicional para rangos medios y bajos, aceptando que los principales
arquitectos del sistema no tendrán opción de impunidad plena
Para
el gobierno electo (entrante):
Mantener
una narrativa clara de que la cooperación internacional, incluidas las medidas
de bloqueo, es en respuesta a un régimen convertido en amenaza transnacional,
no subordinación de la agenda venezolana.
Preparar
desde ahora el dispositivo institucional de transición: gobierno provisional,
seguridad en el territorio, justicia transicional diferenciada y tratamiento
especial de las fuerzas armadas en un marco democrático.
Para
empresarios no cooptados:
Preservar
capital moral y operativo evitando asociación con esquemas del Cartel de los
Soles y estructuras paraestatales, aun a costa de sacrificios de rentabilidad
de corto plazo. Cuidarse de ese “liderazgo” empresario que
propone de todo para preservar al chavismo en el poder, aunque sea por “un día más”.
Organizarse
en torno a propuestas de reconstrucción productiva post-chavismo, articulando
compromisos públicos de transparencia, competencia leal y
reinstitucionalización económica
Para
países aliados que apoyan la libertad de Venezuela:
Alinear
sanciones y acciones de presión con un relato que enfatice la lucha contra
redes terroristas y criminales, no contra el pueblo venezolano, reforzando
ayudas humanitarias y apoyo a desplazados.
Acompañar
la transición con observación internacional, apoyo a la justicia de crímenes de
lesa humanidad y respaldo técnico a la reconstrucción institucional, evitando
vacíos que puedan ser ocupados por actores violentos o mafias residuales.
Cuando
el 90% del país empuja la misma dirección y el 10% restante solo puede
responder con terror y violencia, el resultado deja de ser incierto: la
transición se vuelve inminente y la verdadera decisión pendiente es si la
cúpula acepta una salida con algún grado de control o prefiere enfrentar el
costo total del derrumbe.
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