sábado, 27 de diciembre de 2025
domingo, 14 de diciembre de 2025
Análisis de entorno - Benjamín Tripier
Análisis de entorno | La “exfiltración” de María Corina Machado le pone un límite al chavismo que ya no gobierna, sino que sobrevive.
Es
el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se
pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo
entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.
Por
Benjamín Tripier.
diciembre
14, 2025 5:55 am.
El
entorno de esta semana no admite dudas: el cambio en Venezuela ya no es un
deseo, es un proceso en marcha, avanzado y prácticamente irreversible. El
chavismo está acorralado como nunca antes, con sanciones que ya no son
cosméticas o comunicacionales, sino que son estructurales; aislamiento
diplomático que se vuelve asfixia, y una legitimidad interna que se desangra
día tras día.
Lo
que queda del chavismo en el “poder” ya no gobierna; sobrevive. Y sobrevive
mal. En ese tablero, la “exfiltración” de María Corina Machado no es derrota ni
huida, sino que es el movimiento más audaz y estratégico que se ha visto en
décadas, y, cuya épica, terminó arrasando con cualquier dialéctica manejada por
las izquierdas latinoamericanas y europeas… Porque en Venezuela, ya no queda
izquierda, sino saqueo en un ambiente de sálvese quien pueda.
Es
el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se
pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo
entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.
Machado
no se fue: se colocó exactamente donde tenía que estar para dirigir la fase
final desde una posición de fuerza moral y operativa que el régimen ya no puede
tocar. E inclusive, su llegada tardía a Oslo y las peripecias en alta mar,
construyeron una épica inesperada, adicional a la que ya tiene bien ganada.
Porque
ahora el eje moral y político del país está claramente definido: María Corina
representa al 90 % que exige transición ordenada y sin revancha; el otro 10 %
se aferra a un poder que cada día cuesta más caro en sangre, dólares y
vergüenza internacional.
El
control real del chavismo ya no lo tiene Maduro desde el mismo 28J24 cuando
quiso reconocer a Edmundo como ganador y no lo dejaron. El verdadero jefe,
desde entonces, es Diosdado Cabello, como el verdadero núcleo de resistencia;
Maduro hace rato que dejó de ser el problema, habiéndose convertido en el
“prisionero VIP”, y la cara visible a la que le caerá todo el peso del castigo.
Es el síntoma que muestra que la infección existe y es muy grande.
La
organización interna de la oposición sigue viva y disciplinada, siguiendo el
liderazgo de María Corina e impulsando la toma de posesión de Edmundo González
Urrutia como presidente electo; operando bajo las nuevas y duras condiciones
que impone la CBBI omnipresente. La CBBI en Venezuela son los Comités Bolivarianos
de Base Integral, una nueva estructura organizativa del Poder Popular
juramentada en noviembre de 2025, que busca fortalecer la organización
comunitaria, la defensa integral del territorio y apoyar la consolidación de
Comunas y Consejos Comunales, bajo el liderazgo del gobierno y el PSUV; como
una instancia inferior de los más grandes Comandos Comunitarios Bolivarianos
Integrales (CCBI).
Los
planes legales para la justicia anticipada contra esos dirigentes y su red ya
están listos y en manos correctas. El retorno de María Corina no será un gesto
simbólico ni un sacrificio: será bajo las únicas condiciones que garantizan
victoria y no martirio. La solidaridad internacional ya no es solo la de
Washington; se está construyendo desde toda América Latina, porque esta lucha
dejó de ser venezolana para convertirse en continental.
Claro,
salvedad hecha del jefe y fundador del Foro de Sao Paulo Lula Dasilva, del otro
jefe narco el ex M-19 Gustavo Petro, y, desde México, en un gobierno cooptado
por el narco, Claudia Sheinbaum que presenta “éxitos” contra el narco; pero,
por dar solo un ejemplo, documentos filtrados revelan que uno de los mayores
decomisos fue una farsa: no era heroína, era diésel. Los tres son parte del
grupo que le ganan al chavismo, todos los días, “un día más”.
Es
de imaginar que es para evitar que sea capturado como un “activo con mucha
información” que los involucre a ellos, de la forma que el Pollo Carvajal ya
involucró a Rodríguez Zapatero… Ahí, en esa lista casi seguramente deben estar,
además, Sánchez, AMLO, Lugo, Evo, Arce, Lula, Dilma, Néstor y Cristina, Petro,
Juan González, Rafael Correa y Pepe Mujica. Así como otros europeos que dejaron
tan mal a la izquierda en su reputación.
Es
que claro… la izquierda estaba “diseñada” para ser oposición y contra peso de
los gobiernos capitalistas que son los que construyeron el mundo de progreso
que tenemos hoy. Pero desde que comenzaron a ganar gobiernos, y se dieron
cuenta que no podrían terminarlos bien sin hacer trampa; porque gastaban más de
lo que les ingresaban y lo gastaban mal y lo robaban o usaban para soborno… Y
para eso entraron en las drogas, la trata y el lavado… en fin… un verdadero
desastre.
Y
el tiempo, como siempre, es el árbitro implacable: la “exfiltración” de María
Corina abre una ventana crítica de presión máxima (bloqueos, designaciones
terroristas, Nobel incluido). En ese lapso, habrá que estar atentos al chavismo
que está en colapso terminal, para intentar frustrar toda represalia efectiva
contra la estructura interna; y hay que preparar la entrada triunfal de Machado
bajo condiciones que nadie pueda revertir.
Si
se logra, la transición será inevitable. Pero si se desperdicia, ese momentum
se agotará y el chavismo podrá seguir intentando su recomposición bajo el mando
real de Cabello, siempre en el esquema de “un día más” todos los días. El
tablero está en la mitad del juego, las piezas mayores ya se movieron y no hay
marcha atrás. Los próximos días, o semanas decidirán cuando Venezuela entra al
siglo XXI.
El
Análisis de Entorno de esta semana confirma que el cambio político en Venezuela
ya dejó de ser una aspiración para convertirse en un proceso en fase avanzada y
difícilmente reversible, con un chavismo acorralado por sanciones
estructurales, aislamiento internacional y una pérdida casi total de
legitimidad interna.
Al
mismo tiempo, la figura de María Corina Machado se consolida como eje moral y
político del 90% del país que exige transición, mientras el 10% restante se
aferra a un poder cada vez más costoso de sostener. Porque en realidad se trata
de un enfrentamiento espiritual de la lucha de las fuerzas del Bien, contra las
fuerzas del mal, representadas por este grupo que trafica drogas, oro, personas
y petróleo; y que captura, desaparece, tortura y mata gente por pensar
diferente, y que roba y destruye bienes públicos e infraestructura; sumado a la
destrucción moral y de autoestima del pueblo, además de haber impulsado la
emigración de 9 millones de venezolanos, entre los cuales, para colmo, infiltró
a los monstruos del tren de Aragua.
Entorno
internacional y bloqueo
El
bloqueo total de Estados Unidos sobre Venezuela y la designación del Cartel de
los Soles como organización terrorista no responden a peticiones de María
Corina, sino a la necesidad unilateral de Washington de contener lo que ellos
definieron en 2014 con una orden ejecutiva de Obama, renovada año tras año por
cada presidente norteamericano, como una “amenaza inusual y extraordinaria”
derivada de la presencia en territorio venezolano de redes como Hezbollah, la
Guardia Revolucionaria iraní, ELN, FARC residuales, el Tren de Aragua y, entre
otros no nombrados, la estructura narco-terrorista del Cartel de los Soles.
Esta
combinación convierte al chavismo que está gobernando de facto, en un nodo de
riesgo transnacional que los Estados Unidos y aliados ya tratan como problema
de seguridad propia, no como un simple diferendo político con Caracas… pobre
Caracas y pobre Venezuela en manos de esta gente.
En
este contexto, cualquier escenario de acción militar o presión coercitiva
adicional se entiende como respuesta a ese entramado criminal y terrorista, no
como instrumento de una agenda personal de la oposición. Para Venezuela, esto
significa que el costo internacional de sostener al chavismo en su versión
Maduro–Cabello aumenta día a día, mientras la ventana para una salida ordenada
se estrecha cada día más.
Correlación
interna de fuerzas
A
nivel interno, el proceso de cambio ha madurado silenciosamente hasta
configurar una mayoría social estimada en 80–90% a favor de la transformación
democrática que encarna María Corina, incluso tras su “exfiltración” y la
reorganización del liderazgo desde el exterior. El sistema de control
territorial mediante CBBI y estructuras represivas solo logra administrar el
miedo, pero no reconstruye adhesión ni legitimidad real.
Si
no que les pregunten a las decenas de
puntos de control militar en la carretera, durante las 5 horas y 25 minutos que
usualmente se toma para recorrer los 406 kilómetros entre Caracas y Cumarebo,
Estado Falcón, punto en el cual, dice una de las versiones, se “montó en un
peñero”.
Ese
desequilibrio entre una base social masiva motivada por el cambio, y una élite
minoritaria aferrada al poder, explica la escalada represiva y comunicacional
del 10% restante que sigue defendiendo a este sistema salvaje de muerte y
empobrecimiento.
La
represión física y emocional, junto con la fabricación de matrices de opinión
destinadas a justificar que el chavismo se quede “un día más”, son expresiones
del cálculo de supervivencia de quienes saben que cada jornada adicional en el
poder es un día menos para enfrentar responsabilidades judiciales y políticas.
Y allí se incluyen comentaristas
de política y economía, encuestadores, empresarios, funcionarios públicos y
militares, así como políticos alacranes quienes, con la “excusa” de la defensa
de la soberanía, ignoran, a propósito, que fueron ellos mismos los que se la
entregaron a Cuba, Irán, Rusia y los grupos terrorista mencionados más arriba…
la soberanía ya está perdida… Lo que se espera que hagan los países aliados es
ayudar a restaurarla.
No
como Libia e Irak como ellos pregonan (siendo que hoy Venezuela se parece más a
Haití que a Guatemala, último referente de comparación de PBI y está peor que
Irak o Libia), sino como Alemania, Japón, Corea y Singapur, que son sociedades
icónicas que se desarrollaron desde los escombros, y hoy son potencias
mundiales. Eso es lo que se espera: Recuperar la soberanía para poder lanzarnos
al futuro exitoso que nos merecemos y podemos lograr.
La
naturaleza del gobierno de facto
La
información disponible confirma que Diosdado Cabello concentra el poder real
sobre las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia, las estructuras
criminales y la red mediática orgánica, mientras Maduro opera como fachada
institucional y sostiene algún peso limitado sobre lo institucional y
económico, siempre bajo la mirada atenta del auto nombrado ministro del interior.
Esta
configuración obliga a entender al chavismo en el poder más como coalición
narcoterrorista-militar-paraestatal que como un gobierno convencional, con
Cabello como operador central del Cartel de los Soles y articulador de los CBBI
y los colectivos. Ah… y en cuanto a la
vocería y las relaciones
internacionales, Maduro es percibido como el vocero del pensamiento de
Diosdado. Como se entenderá,
estos cuadros de situación
que uno va presentando en los análisis, solo pueden construirse basados
en fuentes abiertas, ya sean oficiales u oficiosas, e información privilegiada
de alta credibilidad.
En
ese marco, la persecución contra colaboradores internos, la intensificación de
la vigilancia comunitaria y la criminalización del liderazgo democrático no son
signos de fortaleza, sino reflejos de un sistema que necesita elevar el costo
del disenso porque ha perdido la capacidad de integrar y persuadir.
La
creciente dependencia del chavismo de su dimensión criminal y represiva acelera
su incompatibilidad con cualquier normalización internacional de mediano plazo.
Inminencia
del cambio
La
“exfiltración” de María Corina no debe leerse como retirada, sino como
reposicionamiento estratégico que permite preservar el liderazgo de la
transición en un momento de máxima vulnerabilidad del chavismo por bloqueo,
aislamiento y fracturas internas latentes.
El
premio Nobel de la Paz y la articulación de alianzas regionales y globales
refuerzan la percepción de inevitabilidad del cambio y elevan el costo de
cualquier intento de eliminación física del liderazgo democrático.
Al
interior, la transición avanza bajo lógica de acumulación silenciosa, a través
de redes clandestinas reorganizadas frente a los CBBI, mujeres y estructuras
comunitarias como vectores de resistencia de baja exposición, y una ciudadanía
que percibe que el tiempo político dejó de jugar a favor del chavismo.
La
combinación de presión externa estructural y mayoría interna consolidada hace
que la pregunta ya no sea si habrá transición, sino cómo se gestionará su ritmo
y su nivel de orden o caos.
Actualización
de escenarios
Escenario
optimista: salida negociada
Con
la cada vez más baja probabilidad de ocurrencia, pudiera fortalecerse si se
desagrega en un resultado de un ataque fuerte (no deseado y nunca pedido por
María Corina) y una negociación posterior a la luz del daño infligido. Porque
la combinación de bloqueo total, designación del Cartel de los Soles como
organización terrorista y erosión interna hace que la cúpula termine
entendiendo, antes o después, que el costo de permanecer se volvió mayor que el
de negociar. La FANB comienza a marcar distancia, no por convicción democrática
repentina, sino por instinto de preservación corporativa ante el riesgo de
quedar asociada de forma irreversible a una estructura narco-terrorista.
Escenario
“inocuo”: un día más, todos los días
Aquí
el gobierno de facto intenta seguir administrando la supervivencia, aplazando
decisiones de fondo y apostando a que el tiempo todavía puede jugar a su favor.
Sin embargo, a diferencia de momentos anteriores, la inercia ya no depende solo
de la voluntad de Maduro–Cabello, sino del punto en el que la combinación de
sanciones, aislamiento y operaciones de seguridad de Estados Unidos haga
insostenible el statu quo.
El
“un día más” se convierte en un cálculo de riesgo creciente: cada jornada
añadida en el poder aumenta la exposición penal de la cúpula y endurece la
respuesta internacional, mientras el país se hunde en deterioro institucional y
económico. En este escenario, la transición no desaparece, solo se retrasa y
llega con más daño acumulado y un margen de maniobra menor para todos los
actores.
Escenario
pesimista: extracción forzosa y desmantelamiento del cartel
El
escenario pesimista –que no es el deseo de la oposición democrática- tiene una
probabilidad muy alta de ocurrencia, y es la consecuencia de que el chavismo
sigue manteniendo para EEUU su condición de “amenaza inusual y extraordinaria”
al persistir en su rol de plataforma para redes terroristas y narcotráfico de
Estado. Si la cúpula ignora todas las señales y se cierra a cualquier salida negociada,
la opción que queda a los actores de seguridad internacional es el uso
focalizado de la fuerza para neutralizar la cúpula y desarticular el Cartel de
los Soles.
Lo
anterior implicaría operaciones quirúrgicas sobre mandos claves, mayor involucramiento
de actores externos y un período de inestabilidad significativa en el
territorio hasta que una autoridad legítima logre ocupar el vacío. Desde la
perspectiva de Venezuela, es el escenario más costoso en vidas, infraestructura
y tejido social, y refuerza el mensaje de que el único espacio racional para la
cúpula hoy está en el escenario optimista de salida pactada bajo un marco de
justicia transicional, y no en prolongar el “un día más” hasta forzar una
intervención por la fuerza.
Recomendaciones
Para
el gobierno de facto (saliente):
Comprender
que prolongar el status quo bajo mando de Cabello y Maduro solo incrementa el
riesgo personal y patrimonial de la cúpula, dada la naturaleza terrorista y
narco-criminal ya reconocida internacionalmente del Cartel de los Soles
Explorar
canales de salida que reduzcan el costo humano y faciliten acuerdos de justicia
transicional para rangos medios y bajos, aceptando que los principales
arquitectos del sistema no tendrán opción de impunidad plena
Para
el gobierno electo (entrante):
Mantener
una narrativa clara de que la cooperación internacional, incluidas las medidas
de bloqueo, es en respuesta a un régimen convertido en amenaza transnacional,
no subordinación de la agenda venezolana.
Preparar
desde ahora el dispositivo institucional de transición: gobierno provisional,
seguridad en el territorio, justicia transicional diferenciada y tratamiento
especial de las fuerzas armadas en un marco democrático.
Para
empresarios no cooptados:
Preservar
capital moral y operativo evitando asociación con esquemas del Cartel de los
Soles y estructuras paraestatales, aun a costa de sacrificios de rentabilidad
de corto plazo. Cuidarse de ese “liderazgo” empresario que
propone de todo para preservar al chavismo en el poder, aunque sea por “un día más”.
Organizarse
en torno a propuestas de reconstrucción productiva post-chavismo, articulando
compromisos públicos de transparencia, competencia leal y
reinstitucionalización económica
Para
países aliados que apoyan la libertad de Venezuela:
Alinear
sanciones y acciones de presión con un relato que enfatice la lucha contra
redes terroristas y criminales, no contra el pueblo venezolano, reforzando
ayudas humanitarias y apoyo a desplazados.
Acompañar
la transición con observación internacional, apoyo a la justicia de crímenes de
lesa humanidad y respaldo técnico a la reconstrucción institucional, evitando
vacíos que puedan ser ocupados por actores violentos o mafias residuales.
Cuando
el 90% del país empuja la misma dirección y el 10% restante solo puede
responder con terror y violencia, el resultado deja de ser incierto: la
transición se vuelve inminente y la verdadera decisión pendiente es si la
cúpula acepta una salida con algún grado de control o prefiere enfrentar el
costo total del derrumbe.
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Discurso del Presidente del Comité Noruego del Nobel Jørgen Watne Frydnes
Oslo, a 10 de diciembre de 2025.
Sus
Majestades,
Sus
Altezas Reales,
Señora
Machado, Premio Nobel de la Paz,
Excelencias,
Distinguidos
invitados,
Señoras
y señores.
Samantha
Sofía Hernández, una adolescente de 16 años, el mes pasado fue brutalmente
secuestrada por hombres enmascarados de las fuerzas de seguridad del régimen de
Maduro. La sacaron de la casa de sus abuelos. No sabemos dónde se encuentra
actualmente, probablemente en uno de los centros de internamiento de la
dictadura. Puede que esté con su padre, quien en enero desapareció sin dejar
rastro.
¿Cuál
fue su pecado?
Su
hermano era soldado, pero se negó a seguir las órdenes del régimen de cometer
actos brutales contra la población.
Por
ese delito, toda la familia debe ser castigada.
A
Juan Requesens se le ordena girarse lentamente hacia la cámara. Las imágenes lo
muestran de pie, en ropa interior, cubierto de heces y con la mirada perdida y
confusa. Supuestamente había confesado haber planeado un golpe de Estado.
Pero,
por supuesto, no había pruebas. El día antes de ser detenido, Juan compareció
ante la Asamblea Nacional. Dio un discurso en el que repetía una frase clave;
una promesa a su país y a sí mismo: «Yo me niego a rendirme.»
Alfredo
Díaz, líder opositor y exalcalde, fue sacado de un autobús el pasado mes de
noviembre y arrojado a las profundidades de El Helicoide, la mayor cámara de
tortura de América Latina. Un preso político más, en una larga lista. Esta
semana se ha conocido la noticia de su muerte. Otra vida perdida. Otra víctima
del régimen.
Estas
historias no son únicas. Esta es Venezuela de hoy. Es como el régimen
venezolano trata a sus propios ciudadanos. A una hermana. A un estudiante. A un
político. Cualquiera que aún crea en decir la verdad en voz alta puede
desaparecer violentamente en un sistema creado específicamente para erradicar
esa creencia.
Samantha,
Juan y Alfredo no eran extremistas. Eran venezolanos comunes y corrientes que
soñaban con libertad, democracia y derechos.
Por
ello, les arrebataron la vida.
Este
régimen ni siquiera perdona a sus niños. Más de 200 menores fueron detenidos
tras las elecciones de 2024. Las Naciones Unidas documentaron lo que sufrieron
de la siguiente manera:
Bolsas
de plástico apretadas sobre sus cabezas.
Descargas
eléctricas en los genitales.
Golpes
al cuerpo tan brutales que les dolía respirar.
Violencia
sexualizada.
Celdas
tan frías que provocan intensos temblores.
Agua
potable contaminada, llena de insectos.
Gritos
a que nadie acudió para poner fin.
Un
niño yacía en la oscuridad susurrando el nombre de su madre, una y otra vez,
con la esperanza de que ella no creyera que estaba muerto.
Un
joven de 16 años finalmente regresó a casa, tan devastado por las descargas
eléctricas y los golpes que no podía abrazar a su madre sin sentir un dolor
agudo en todo el cuerpo. Durante meses, se asustaba con cada ruido y apenas
dormía. Por la noche se despertaba sobresaltado, convencido de que los soldados
habían regresado para reanudar sus ataques.
Mientras
estamos aquí sentados en el Ayuntamiento de Oslo, hay personas inocentes
encerradas en celdas oscuras en Venezuela. No pueden oír los discursos de hoy,
solo los gritos de los presos que están siendo torturados.
Así
es como los poderes autoritarios intentan aplastar a quienes se alzan en
defensa de la democracia. Las Naciones Unidas
han declarado que estos actos constituyen crímenes de lesa humanidad.
Este
es el régimen de Nicolás Maduro.
Venezuela
se ha convertido en un Estado brutal y autoritario sumido en una profunda
crisis humanitaria y económica. Mientras tanto, una pequeña élite en la
cúspide, protegida por el poder, las armas y la impunidad, se enriquece.
A
la sombra de esta crisis, miles de mujeres y niños se ven empujados hacia la
prostitución y la trata de personas. Las hijas simplemente desaparecen. Los
niños se convierten en objetos de comercio en manos de delincuentes que ven la
desesperación humana como una oportunidad de negocio.
Una
cuarta parte de la población ya ha huido del país, lo que supone una de las
mayores crisis de refugiados del mundo.
Quienes
se quedan viven bajo un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a
la oposición.
Venezuela
no está sola en esta oscuridad. El mundo va por mal camino. Los regímenes
autoritarios están ganando terreno.
Tenemos
que plantearnos la incómoda pregunta:
¿Por
qué nos resulta tan difícil preservar la democracia, una forma de gobierno
concebida para proteger nuestra libertad y nuestra paz?
Cuando
la democracia pierde, el resultado es más conflicto, más violencia, más guerra.
En
2024 se celebraron más elecciones que en ningún otro año anterior, pero cada
vez menos son libres y justas. El poder de la ley se usa de forma indebida. Se
silencia a los medios libres. Los críticos son encarcelados.
Cada
vez más países, incluso aquellos con una larga tradición democrática, están
derivando hacia el autoritarismo y el militarismo.
Los
regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas
de propaganda. Detrás de Maduro están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá, que
proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica.
Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal.
Y,
sin embargo, en medio de esta oscuridad, hay venezolanos que se han negado a
rendirse. Los que mantienen viva la llama de la democracia. Que nunca ceden,
pese al enorme coste personal. Ellos nos recuerdan constantemente lo que está en
juego.
Muchos
de ellos están hoy aquí con nosotros:
El
presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia.
Carlos,
el poeta.
Claudia,
la activista.
Pedro,
el catedrático universitario.
Ana
Luisa, la enfermera.
Corina,
la abuela.
Antonio,
el político de oposición.
María
Corina, la ganadora del premio Nobel de la Paz.
En
el núcleo de la lucha por la democracia brilla una simple verdad: la democracia
es más que una forma de gobierno. Es también la base para una paz duradera.
Millones
de venezolanos lo saben.
Año
tras año, estudiantes, sindicatos, periodistas, organizaciones empresariales y
ciudadanos de a pie se han movilizado en oleadas de resistencia.
Han
llenado las calles en señal de protesta. Cuando les arrebataron sus votos,
hicieron sonar cacerolas. Cuando la vigilancia estatal se vuelve ineludible,
susurran.
Personas
de todo el espectro político – desde comunistas hasta conservadores – se han
alzado para desafiar al régimen. La oposición ha probado una estrategia tras
otra.
A
lo largo de todo esto han dicho: No luchamos por venganza, sino por justicia.
Por
la inviolabilidad de las urnas. Por la democracia. Por la paz.
Pero
les responden que esas cosas son imposibles. Que fracasarán.
Y
cuando los venezolanos pidieron al mundo que prestara atención, les dimos la
espalda.
Mientras
perdían sus derechos, su alimento, su salud y su seguridad – y, finalmente, su
propio futuro – gran parte del mundo se aferró a sus viejas narrativas. Algunos
insistían en que Venezuela era una sociedad igualitaria ideal. Otros solo
querían ver en ella una lucha contra el imperialismo. Otros más optaron por
interpretar la realidad venezolana como una competencia entre superpotencias,
pasando por alto el valor de quienes buscan la libertad en su propio país.
Todos estos observadores tienen algo en común: la traición moral a quienes de
hecho viven bajo este régimen brutal.
Si
solo apoyas a quienes comparten tus opiniones políticas, no has entendido ni la
libertad ni la democracia. Sin embargo, muchos críticos se quedan ahí. Ven que
las fuerzas democráticas locales cooperan, por necesidad, con actores que les
desagradan y utilizan eso como justificación para negarles su apoyo. Así
anteponen las convicciones ideológicas a la solidaridad humana.
¿Cómo
debemos considerar a aquellos que dedican toda su energía en buscar defectos en
las difíciles decisiones que han debido tomar los valientes defensores de la
democracia, en lugar de reconocer su valentía y su sacrificio, o de preguntarse
cómo podemos también nosotros contribuir a la lucha contra la dictadura?
Es
fácil aferrarse a los principios cuando lo que está en juego es la libertad de
otros. Pero ningún movimiento democrático actúa en circunstancias ideales. Los
líderes activistas deben enfrontar y resolver dilemas que quienes observamos
desde fuera podemos permitirnos ignorar. Quienes viven bajo una dictadura a
menudo tienen que elegir entre lo difícil y lo imposible. Sin embargo, muchos
de nosotros – desde una distancia segura – esperamos que los líderes
democráticos de Venezuela persigan sus objetivos con una pureza moral que sus
adversarios jamás muestran. Esto no es realista. Es injusto. Y revela una
ignorancia de la historia.
Muchos
de los que se han subido a este estrado para recibir el Premio Nobel de la Paz,
entre ellos Lech Walesa y Nelson Mandela, conocían bien los dilemas del
diálogo.
En los sistemas autoritarios, el diálogo puede conducir a mejoras, pero también puede ser una trampa. El diálogo se utiliza a menudo para ganar tiempo, generar división y controlar la agenda. María Corina Machado ha participado en procesos de diálogo por años. Nunca ha rechazado el principio de hablar con la otra parte, pero sí ha rechazado los procesos vacíos.
La
paz sin justicia no es paz.
El
diálogo sin verdad no es reconciliación.
El
futuro de Venezuela puede tomar muchas formas. Pero el presente es uno solo, y
es horroroso.
Por
eso la oposición democrática en Venezuela debe contar con nuestro apoyo, no con
nuestra indiferencia o, peor aún, con nuestra condena. Cada día, sus dirigentes
deben elegir un camino que realmente esté a su alcance, no el camino de las
ilusiones.
Apoyar
el desarrollo democrático es apoyar la paz.
Pero
desde el anuncio del Premio Nobel de la Paz de este año, se ha planteado la
cuestión: ¿La democracia realmente conduce a la paz?
Los
resultados de la investigación son contundentes, y la respuesta es afirmativa.
No porque la democracia sea perfecta, sino porque sus propios mecanismos hacen
que la guerra sea menos probable.
Las
democracias cuentan con válvulas de seguridad: medios de comunicación libres,
estructuras de reparto del poder, tribunales independientes, organizaciones de
la sociedad civil y elecciones que permiten cambiar de liderazgo sin recurrir a
la violencia. En este entorno político, las opiniones divergentes no son una
amenaza que deba ser sofocada, sino una ventaja.
En
una democracia, un líder que ignora los hechos puede ser sustituido en las
próximas elecciones. En un régimen autoritario, el líder se mantiene en el
poder y reemplaza a todos aquellos que dicen verdades incómodas. La lealtad
pasa a ocupar el lugar de la realidad y se toman decisiones peligrosas en la
oscuridad. La guerra siempre tiene un alto costo, pero en los regímenes
autoritarios no son los líderes quienes pagan el precio más alto. Por eso las
democracias casi nunca van a la guerra entre sí, a diferencia de lo que ocurre
con más frecuencia con los Estados autoritarios.
El
mandato de Nicolás Maduro en Venezuela demuestra por qué. Los conflictos se
resuelven por la fuerza bruta y no mediante la negociación. El resultado es una
sociedad en la que millones de personas se ven obligadas a guardar silencio,
con consecuencias que no se detienen en la frontera. La inestabilidad, la
violencia y la destrucción sistemática de las instituciones del país han
afectado a toda la región, y un país vecino ha sido amenazado con una invasión
militar. Venezuela demuestra – con dolorosa claridad – que el autoritarismo no
solo destruye la sociedad desde dentro, sino que también propaga la
inestabilidad más allá de sus fronteras.
La
democracia no es, obviamente, una garantía de paz, pero es el sistema más
eficaz del que disponemos para prevenir la violencia y el conflicto.
Este
razonamiento suele suscitar un contraargumento bien conocido: que la democracia
en sí genera disturbios y conflictos, que reclamar la libertad es peligroso. Se
trata de una afirmación antigua. Los líderes autoritarios la han utilizado
durante generaciones para justificar su permanencia en el poder. Hoy, además,
refuerzan ese argumento con desinformación y propaganda, dos de sus armas
esenciales.
Señoras
y señores:
Como
ciudadanos en una democracia tenemos el deber de ser críticos con nuestras
fuentes de información. Deben saltar las alarmas cuando las opiniones que
expresamos sean idénticas a las difundidas por uno de los sistemas de
desinformación más manipuladores del mundo. Porque, en ese caso, no solo
estamos difundiendo información, sino la propaganda estratégica de un dictador.
¿Qué
hemos de pensar cuando leemos que es la oposición venezolana la que amenaza al
país con la guerra, que el movimiento democrático es quien desea una invasión?
¿Cuando se invierte por completo el relato y las víctimas son tildadas de
agresores? Esta es la versión de la realidad que el régimen de Maduro ofrece al
mundo: que su régimen es el garante de la paz. Pero una paz basada en el miedo,
el silencio y la tortura no es paz; es sumisión presentada como estabilidad.
No,
el origen de la violencia no son los activistas democráticos. Proviene de
quienes están en la cúspide del poder y se niegan a cederlo. No fue Nelson
Mandela quien hizo violenta a Sudáfrica, sino la represión del régimen del
apartheid contra las demandas de igualdad. No fueron los grupos de oposición
quienes iniciaron las encarcelaciones en Bielorrusia, las ejecuciones en Irán –
o la persecución en Venezuela. La violencia emana de los regímenes autoritarios
cuando arremeten contra las demandas populares de cambio.
La
paz y la democracia no pueden separarse sin que ambas pierdan su significado.
La paz duradera requiere un Estado de derecho, la participación política y el
respeto por la dignidad humana.
Antes
de poder debatir nuestras discrepancias políticas, debemos establecer algún
tipo de democracia. Sin ella, no hay una distinción significativa entre derecha
e izquierda, no existe una forma legítima de discrepar, ni una auténtica vida
política.
La
democracia no es un lujo prescindible.
No
es un adorno que se coloca en una estantería.
La
democracia es trabajo arduo.
Es
acción y negociación.
Es
una obligación viva.
Los
instrumentos de la democracia son los instrumentos de la paz.
Nos
reunimos hoy, por lo tanto, para defender algo mucho más importante que
cualquiera de los dos lados de una división política o ideológica. Nos reunimos
para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa
una paz duradera.
Cuando
la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a
la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado.
Como
fundadora de Súmate, una organización dedicada a construir democracia, María
Corina Machado dio un paso al frente para defender elecciones libres y justas
hace ya más de dos décadas. Como ella misma lo expresó: “Fue una elección de
votos sobre balas”.
A
través de sus responsabilidades políticas y de su labor en diversas
organizaciones, ha alzado la voz en favor de la independencia judicial, los
derechos humanos y la representación popular. Ella ha dedicado años de trabajo
a la libertad del pueblo venezolano.
Las
elecciones presidenciales de 2024 fueron un factor decisivo en la elección de
la galardonada con el Premio de la Paz de este año. María Corina Machado fue la
candidata presidencial de la oposición y la voz unificadora de la esperanza en
el país. Cuando el régimen bloqueó su candidatura, el movimiento podría haberse
derrumbado, pero ella brindó su apoyo a Edmundo González Urrutia y la oposición
se mantuvo unida.
La
oposición logró encontrar un terreno común en la exigencia de elecciones libres
y de un gobierno representativo. Este es el fundamento mismo de la democracia:
nuestra disposición compartida a defender los principios del gobierno del
pueblo, incluso cuando discrepamos en las políticas. En un momento en que la
democracia está bajo amenaza en todo el mundo, es más importante que nunca
defender este terreno común.
Cientos
de miles de voluntarios se movilizaron por encima de las divisiones políticas.
Fueron formados como observadores electorales y utilizaron la tecnología de
nuevas maneras para documentar cada etapa del proceso electoral. Hasta un
millón de personas vigilaron los centros de votación en todo el país. Subieron
las actas de escrutinio, fotografiaron las actas y aseguraron copias antes de
que el régimen pudiera destruirlas. Defendieron esa documentación con sus
propias vidas y luego se aseguraron de que el mundo conociera los resultados de
la elección.
Fue
una movilización de base sin precedentes en Venezuela y, probablemente, en el
mundo entero. Ciudadanos y ciudadanas de a pie, de todos los ámbitos de la
vida, llevaron a cabo un trabajo sistemático y de alta tecnología de
documentación en un clima de amenazas, vigilancia y violencia.
Los
esfuerzos de este movimiento democrático, tanto antes como después de las
elecciones, fueron innovadores y valientes, pacíficos y profundamente
democráticos.
La
oposición obtuvo apoyo internacional cuando sus dirigentes hicieron públicos
los resultados del escrutinio recogidos en los distintos distritos electorales
del país, que demostraban que la oposición había ganado por un margen claro.
Pero
el régimen lo negó todo. Falsificó los resultados electorales y se aferró al
poder, recurriendo a la violencia.
Durante
el último año, la señora Machado se ha visto obligada a vivir en la
clandestinidad.
Pese
a las graves amenazas, ha permanecido en el país, siendo una fuente de
inspiración para millones de personas.
Recibe
el Premio Nobel de la Paz de 2025 por su incansable labor en la promoción de
los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr
una transición pacífica y justa de la dictadura a la democracia.
Durante
mucho, mucho tiempo, la oposición en Venezuela ha recurrido a todas las
herramientas de la democracia para sostener su campaña civil pacífica. A lo
largo de los años, la señora Machado y sus aliados se han visto obligados a
adaptarse y cambiar de tácticas. Han utilizado casi todos los instrumentos
democráticos: desde el boicot electoral cuando el sistema estaba demasiado
corrompido, hasta la participación cuando pequeños resquicios en el proceso lo
permitían. Han intentado el diálogo, la organización, la movilización y una extensa
labor de documentación electoral.
La
señora Machado ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una
invasión de Venezuela.
Ha
exhortado a la población a defender sus derechos por medios pacíficos y
democráticos.
Las
investigaciones sobre la paz lo demuestran claramente: la movilización no
violenta a gran escala figura entre los métodos más eficaces para lograr un
cambio político en una dictadura. Cuando una población se moviliza, la
comunidad internacional ejerce una fuerte presión y las fuerzas de seguridad se
abstienen de utilizar la violencia contra la población, puede alcanzarse un
punto de inflexión.
Como
líder del movimiento democrático en Venezuela, María Corina Machado es uno de
los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en la historia reciente de
América Latina.
El
Premio Nobel de la Paz de este año cumple con los tres criterios establecidos
en el testamento de Alfred Nobel.
En
primer lugar, la oposición venezolana ha logrado unir movimientos políticos,
organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos comunes con un objetivo común:
el restablecimiento de la democracia. Reunir a grupos diversos que
anteriormente se oponían entre sí equivale, en la actualidad, a lo que Alfred
Nobel denominó la celebración de congresos por la paz.
En
segundo lugar, el movimiento democrático de Venezuela se ha opuesto a la
militarización de la sociedad impulsada por el régimen. Dicho régimen ha armado
a miles de grupos, ha autorizado a bandas paramilitares a cometer abusos y ha
invitado a fuerzas militares extranjeras al país, acelerando así la
militarización. Al documentar los abusos y exigir rendición de cuentas, la
oposición busca fortalecer la autoridad democrática civil y reducir la
influencia de las armas. Esto priva a los criminales y a las milicias afines al
régimen de su armamento y autonomía, cumpliendo así con el criterio de Nobel de
promover la paz mediante el desarme.
En
tercer lugar, la verdadera fraternidad o hermandad – la que Alfred Nobel
imaginó – requiere de la democracia. Solo cuando las personas pueden elegir a
sus líderes y expresarse sin temor puede arraigar la paz, ya sea dentro de una
sociedad o entre países. La democracia constituye la forma más elevada de
fraternidad y el camino más seguro hacia una paz duradera.
Por
lo tanto, hoy, aquí, en esta sala – con toda la solemnidad que acompaña al
Premio Nobel de la Paz y a esta ceremonia anual – diremos aquello que más temen
los líderes autoritarios:
Su
poder no es permanente.
Su
violencia no prevalecerá sobre un pueblo que se levanta y resiste.
Señor
Maduro:
Debe
aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo.
Debe
sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia.
Porque
esa es la voluntad del pueblo venezolano.
María
Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna
tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar.
Cuando
se escriba la historia de nuestra época, no serán los nombres de los
gobernantes autoritarios los que destaquen, sino los nombres de quienes se
atrevieron a resistir.
Quienes
se mantuvieron firmes frente al peligro.
Quienes
siguieron adelante cuando otros se rindieron.
Carl
von Ossietzky.
Andréi
Sájarov.
Nelson
Mandela.
A
lo largo de su dilatada historia, el Comité Noruego del Nobel ha rendido
homenaje a mujeres y hombres valientes que se han alzado contra la represión,
que han llevado la esperanza de libertad a las celdas, a las calles y a las
plazas públicas, y que con sus actos han demostrado que la resistencia puede
cambiar el mundo.
Hoy
le honramos a usted, María Corina Machado.
Rendimos
también homenaje a todos quienes esperan en la oscuridad.
A
todos quienes han sido detenidos y torturados, o han desaparecido.
A
todos quienes siguen manteniendo la esperanza.
A
todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados
a susurrar el lenguaje de la libertad.
Que
nos escuchen ahora.
Que
sepan que el mundo no les da la espalda.
Que
la libertad se acerca.
Y
que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático.
Que
amanezca una nueva era.
lunes, 8 de diciembre de 2025
Carta de Cliver Alcalá Cordones a Donald Trump
Carta
de Cliver Alcalá Cordones a Donald Trump.
Fecha:
08 de diciembre de 2025
A:
El Presidente de los Estados Unidos de América, Sr. Donald J. Trump y al pueblo
estadounidense
De:
Mayor General Cliver Antonio Alcalá Cordones
Asunto:
Información de interés para la seguridad nacional y la política exterior de los
Estados Unidos
Señor
Presidente y ciudadanos de Los Estados Unidos de América:
Mi
nombre es Cliver Antonio Alcalá Cordones, Mayor General retirado de las Fuerzas
Armadas Bolivarianas de Venezuela. Me dirijo a ustedes con respeto y en
espíritu de cooperación para compartir información que considero relevante para
la seguridad nacional de los Estados Unidos y para la comprensión de dinámicas
criminales y políticas de mi país que trascienden sus fronteras.
Me
encuentro recluido en los Estados Unidos desde marzo de 2020, tras entregarme
voluntariamente a agentes de este país en territorio colombiano. Actualmente
estoy en un centro correccional federal en el estado de Maryland cumpliendo
sentencia, luego de declararme culpable de dos cargos por haber asistido a las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Por seguir órdenes directas
de mi entonces superior Hugo Chávez, cometí un grave error del que me
arrepentiré toda mi vida.
Hoy
quiero aportar información sobre la estructura criminal que gobierna
dictatorialmente mi país, la que en la actualidad se conoce públicamente como
Cartel de los Soles. Dos personas fundamentales en todo este entramado
delictivo son los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez. De visibilidad menor y
calculada, son los verdaderos cerebros maquiavélicos detrás de los jefes de la
corporación de carteles conocida como Cartel de los Soles. Ellos son los
verdaderos controladores de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. La subsistencia
del régimen en el poder es en gran medida gracias a ellos dos.
Delcy
Rodríguez es la actual vicepresidenta del país y su hermano Jorge Rodríguez es
el actual presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.
Tren da Aragua
Serví
al ejército de mi país durante 34 años. En 2011, mientras estaba destinado en
el estado de Aragua, llevé a cabo la toma militar de la cárcel de Tocorón. Pese
a presiones políticas por parte de algunos miembros del gobierno venezolano
para impedir la operación, cumplí la acción y tomé militarmente el penal,
resultando fallecidos 16 delincuentes. En esa cárcel se encontraban los líderes
del grupo criminal hoy conocido como Tren de Aragua. El entonces ministro de
deportes Antonio Enrique Álvarez Cisneros, más conocido como el «Potro»
Álvarez, fue enviado por Chávez para tener contacto directo y controlar a los
líderes criminales de esas cárceles.
Tras
el fallecimiento de Chávez en 2013 y la asunción de Nicolás Maduro, solicité mi
retiro del ejército pese a ofrecimientos de continuidad, por no estar dispuesto
a servir bajo su mando. Me quedaba muy claro que estaba tomando el poder el
líder de una banda criminal. Desde ese momento, es de conocimiento público que
me convertí en un férreo opositor al dictador Maduro.
Con
su consolidación política, las estructuras criminales carcelarias se
fortalecieron bajo su control: existían comunicaciones directas desde las
cárceles con él, con el Potro Álvarez como facilitador de enlaces con líderes
carcelarios; incluso se impartían instrucciones a esos líderes para controlar
votos de los reclusos en elecciones, mientras los delincuentes entraban y
salían para delinquir y las cárceles funcionaban como depósitos de armas y
otros elementos delictivos.
Parte
de esos criminales, incluyendo sindicalistas corruptos vinculados a un proyecto
ferroviario Aragua—Carabobo financiado con fondos chinos que nunca se completó,
integran el grupo que hoy se conoce como Tren de Aragua, utilizado por Maduro
para sus fines criminales desde entonces.
Nicolás
Maduro, formado y entrenado en Cuba, utilizó estos esquemas delictivos desde
las cárceles para fines personales, replicando prácticas aprendidas en ese
país. El gobierno de Nicolás Maduro exportó esta organización criminal a otros
países, incluyendo a los Estados Unidos de América.
Fraudes electorales
En
el plano electoral, el general del ejército Carlos Quintero —miembro de la
inteligencia militar venezolana—y actual vicepresidente del Consejo Nacional
Electoral (CNE) ha sido responsable de cometer los fraudes electorales. El
general Quintero fue el ingeniero encargado de la tecnología electoral
venezolana de Smartmatic utilizada para consumar fraudes electorales. La
mayoría de las elecciones en Venezuela han sido manipuladas por el gobierno de Maduro.
Estoy al conocimiento del uso de máquinas de votación paralelas de Smartmatic
para alterar los resultados, especialmente en localidades sin presencia
opositora, haciendo difícil detectar las irregularidades. Esta es la misma
tecnología usada en otros países por la empresa Smartmatic. Los controladores
de todo este sistema son los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez.
Relación con Irán
Respecto
de la política exterior venezolana, la relación con Irán ha sido histórica y
estrecha. Maduro profundizó la cooperación con Irán como socio estratégico para
Venezuela. Maduro sostuvo y gestionó las relaciones más sensibles (IRGC y
Hezbollah) con Irán desde que era canciller de Hugo Chávez.
Relaciones con Estados Unidos
En
materia de inteligencia y relaciones con Estados Unidos, existen relaciones
estrechas del hoy núcleo supremo del poder venezolano (Nicolás Maduro, Diosdado
Cabello, Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez) con congresistas americanos. Maduro
y sus secuaces hacían alarde del supuesto control que ejercían sobre estos
congresistas. Conocí esta información en 2007 al ser transferido al estado
Carabobo, donde me reuní con varios diputados que eran miembros de ese grupo.
Narcotráfico y minería ilegal
Por
último, el narcotráfico y la minería ilegal, como dos de las actividades
criminales más importantes del régimen del poder venezolano. Era ampliamente
conocido que los jerarcas del gobierno estaban involucrados en esta actividad
delictiva de diversas formas. Públicamente acusé al gobierno de Nicolás Maduro
de malversar los minerales de Venezuela, entre ellos el oro y los diamantes,
pero también otros minerales raros de uso estratégico, específicamente en la
región llamada Arco Minero del Orinoco. Incluso, Nicolás Maduro utilizó a su
hijo para llevar a cabo el control de estas actividades ilícitas en esa área
geográfica. Eran actividades criminales complementarias. El oro y los diamantes
funcionaban como un elemento clave en el mecanismo de lavado de dinero del
narcotráfico de lo que hoy se conoce como Cartel de los Soles.
Estoy
dispuesto a declarar sobre estos y otros asuntos de mi conocimiento personal
que puedan ser de interés para el gobierno de los Estados Unidos.
El
gobierno del dictador Nicolás Maduro y su Cartel de los Soles son sin dudas una
amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos de América y otras naciones
vecinas. Además, por supuesto, de ser los responsables de haber destruido mi
amada patria.
Agradezco
su atención y su ímpetu en la búsqueda del restablecimiento de la democracia en
Venezuela. Es de público conocimiento que yo también lo intenté más de una vez
y puse mi vida en riesgo por ello, teniendo que vivir exiliado en Colombia. Sin
dudas lo volvería a hacer. Es un compromiso indeclinable con mi país y su
constitución.
Quedo
a su disposición para colaborar con su gobierno de manera amplia, con el fin de
contribuir a la seguridad y a la justicia de su país y del mío.
Atentamente
Mayor
General Cliver Antonio Alcalá Cordones
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de diciembre de 2025
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