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jueves, 29 de enero de 2026

CARTA ABIERTA A LA VERGÜENZA NACIONAL: VLADIMIR PADRINO LÓPEZ - CARIVE

Ciudadano

@vladimirpadrino

 

Hay manchas que no se quitan con detergente, sino que se graban en el ADN de la historia. Usted no solo es el General que permitió la destrucción de la República; usted es el sepulturero del honor militar venezolano.

Bajo su mando, la Fuerza Armada Nacional ha dejado de ser el escudo de la nación para convertirse en una estructura de custodia criminal. Lo que antes era el estandarte de Bolívar, hoy es una organización que el mundo observa con asco y desprecio. Usted ha logrado lo impensable: que el uniforme de un General de la República no inspire respeto, sino sospecha y náuseas.

La realidad es una sola y es pública:

El General con Precio: Usted pasará a la historia como el oficial cuyo valor no se mide por sus batallas, sino por una recompensa de 15 millones de dólares (y el ascenso de la cifra por sus cómplices). Su cabeza tiene precio en los tribunales internacionales de justicia, no por ser un "patriota", sino por ser el guardaespaldas de un cartel.

La FAN Podrida: Usted preside una institución maloliente, donde la meritocracia fue sustituida por la lealtad al crimen. Ha permitido que el hambre humille a la tropa mientras la cúpula se reparte el botín de la soberanía entregada.

Humillación en Vivo y Directo: El mundo fue testigo de cómo la estructura que usted "protegía" fue desmantelada, con jefes llevados ante la justicia extranjera mientras usted balbuceaba excusas desde un escritorio. Usted no es un General de combate; es un conserje del oprobio.

Sepa esto: En los manuales de historia militar universal, su nombre no aparecerá en el capítulo de los valientes, sino en el de las curiosidades patológicas de la traición. Usted ha convertido a la FAN en una vergüenza mundial, una caricatura de fuerza armada que solo sirve para perseguir civiles mientras se arrodilla ante intereses transnacionales y criminales.

Usted ya no es un oficial. Usted es un objetivo judicial que viste de verde oliva. La institución está herida de muerte por su culpa, pero el honor será rescatado por aquellos que no vendieron su alma por una cuota de poder en un barco que ya se hundió.

A la FAN le queda el uniforme, pero a usted ya no le queda ni el nombre.

 

CARIVE

(Coalición Activa de la Reserva Internacional Venezolana).


martes, 20 de enero de 2026

Un preso político venezolano al fin vuelve a casa - The New York Times

 

        Ángel Godoy abraza a su esposa, Adriana Briceño, tras llegar a casa. Pasó un año en la cárcel.

 

Un preso político venezolano al fin vuelve a casa

Por Isayen Herrera y James Wagner

Fotografías por Alejandro Cegarra

Isayen Herrera informó desde Caracas y Los Teques, Venezuela. 

James Wagner informó desde Ciudad de México.

20 de enero de 2026

 

Ángel Godoy fue encarcelado luego de escribir columnas que irritaron al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Ahora su familia intenta recuperar el tiempo perdido.

Luego de un año tras las rejas como preso político bajo el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, una de las primeras cosas que hizo Ángel Godoy fue pedir disculpas.

Liberado el pasado miércoles, Godoy, activista político y columnista, regresó a su casa de Los Teques, a 40 minutos de la capital, Caracas, donde su hijo le mostró una foto de su graduación de bachillerato.

“Perdón por no estar”, susurró Godoy.

“Ahora estás”, respondió su hijo, Miguelangel Godoy Briceño. “Y necesito que me ayudes a estudiar en la universidad”.

Ángel Godoy, de 52 años, recorrió las paredes de su apartamento y tocó las fotos familiares para confirmar que aquél era su hogar. En la sala había un póster con su cara que su mujer había utilizado como telón de fondo en todos los videos que grabó sobre la detención de su marido el 8 de enero de 2025.

Tomó un rotulador y escribió sobre él en letras grandes: LIBERADO.

Antes de ser liberado, los familiares de Godoy esperaban noticias sobre la anunciada liberación del preso político.
Briceño esperaba noticias sobre su marido. Había dejado la mesa decorada para Navidad.

Godoy y su familia llevaban 371 días esperando este momento, pero sus esperanzas aumentaron a principios de este mes, después de que el presidente Nicolás Maduro fuera apresado por fuerzas estadounidenses en Caracas y el gobierno venezolano anunciara que comenzaría a liberar a “un número importante” de presos políticos.

Godoy es uno de los afortunados. Hasta la fecha, solo 143 de los casi 900 presos políticos que se calcula que hay en Venezuela han sido puestos en libertad, según Foro Penal, uno de los principales grupos de derechos humanos. Y gran parte de la maquinaria represiva del gobierno de Maduro permanece prácticamente intacta.


Briceño y Godoy en una foto familiar.

La familia de Godoy ante su prisión, esperando a que lo liberen.

Fue ese mismo aparato el que secuestró a Godoy cuando llegaba a su casa hace un año y lo acusó de terrorismo e instigación o incitación al odio y a las acciones armadas. Godoy ha negado estas acusaciones, que son habituales contra los presos políticos en Venezuela.

Godoy dijo que unos hombres enmascarados habían saltado de una camioneta sin matrícula y con los cristales ahumados, y se lo habían llevado. Aunque los hombres no llevaban insignias oficiales, Godoy gritó a sus vecinos que se trataba de la agencia de inteligencia del país, acusada de numerosas violaciones de derechos humanos, y les pidió que se lo dijeran a su esposa.

Durante los 25 días siguientes, sus familiares no supieron nada de él. No lo vieron durante 96 días.

Godoy estuvo recluido en varias prisiones, entre ellas El Helicoide, el tristemente célebre edificio de Caracas que se construyó como el primer centro comercial de autoservicio del mundo, pero que se convirtió en un centro de tortura, según afirman grupos de derechos humanos. Calificó de “vergonzoso” su proceso judicial y su comparecencia por teléfono.

“Él está detrás de los barrotes”, dijo su esposa, Adriana Briceño. “Pero nosotros también como familia”.


Un afectuoso saludo de una vecina tras su liberación.

Mientras estaba en prisión, Godoy y su esposa desde hace 19 años mantuvieron viva la esperanza gracias al amor que se profesaban.

Durante meses, Briceño utilizó golosinas para enviar mensajes escribiendo palabras de ánimo o notas sobre noticias domésticas dentro de los envoltorios. Godoy le contestaba en pequeños trozos de papel doblados, escondidos entre la ropa sucia que su esposa recogía los días de visita.

“Te amo más que la vida misma”, escribió Godoy en una.

Godoy guardó todos los envoltorios de golosinas. Pero cuando lo trasladaron a otra prisión, todo se quedó en su antigua celda. Para sorpresa de su esposa, los guardias le dieron todos esos recuerdos cuando ella recuperó sus pertenencias.


Godoy llegaba a casa tras su liberación.

Abrazaba a una amiga y vecina.

El día que Godoy fue liberado, su esposa recibió la noticia justo cuando entraba en la prisión para una visita.

Cuando Godoy oyó que decían su nombre para la excarcelación, “aquello explotó”, dijo. Sus compañeros de prisión le abrazaron. “Yo decía, ‘Dios mío’”, recordó. “No lo podía creer. Todo el mundo gritaba: ‘Libertad, libertad, libertad’”.

Fuera, Godoy vio un país marcado por los ataques estadounidenses. De vuelta a casa con su mujer y su cuñado, les habló de su estancia tras las rejas.

“Que no repitamos esta oscuridad”, dijo.

Los vecinos de Godoy lo recibieron con abrazos y lágrimas.

Briceño le entregaba a Godoy su viejo juego de llaves tras llegar a su casa.

Dentro del apartamento de Godoy había recuerdos de una vida interrumpida.

La mesa del comedor seguía puesta con adornos navideños. En el congelador había una tradicional hallaca navideña que su mujer había reservado para él, por si acaso.

Algunos de los objetos habían venido de la prisión, entre ellos un hosco osito de peluche hecho por otros presos con retales de tela de un colchón de la celda de Godoy, regalo de aniversario de boda para su esposa. También había una pelota de tela cubierta de mensajes para su hijo. Para sacar la pelota de la cárcel a través de su esposa, Godoy negoció con el alcaide y permitió que se inspeccionara minuciosamente cada palabra.

En un rincón del apartamento de la familia había una mesa de plástico desgastada. Godoy utilizaba la mesa en su celda, y su familia la recuperó tras su traslado a otra prisión. En su superficie había escrito un versículo de la Biblia: “Aunque pase por quebradas oscuras no temo ningún mal”.


Godoy miraba una fotografía de su hijo en el día de su graduación, a la que faltó.

Godoy comía un plato navideño tradicional venezolano que le preparó Briceño.

Aunque Godoy está libre, las autoridades venezolanas mantienen control sobre él. Tiene prohibido salir del país y debe comparecer ante un tribunal cada 30 días.

Pero aquella primera tarde fuera de la cárcel, Godoy se sentó a la misma mesa que su mujer había mantenido decorada. Y comió los mismos alimentos que ella había guardado para él.

De verdad estaba en casa.


De nuevo en casa después de un año.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Por Las Venas Abiertas de Una Frontera III: Inverso - CGTN Español

 


Análisis de entorno - Benjamín Tripier

Análisis de entorno | La “exfiltración” de María Corina Machado le pone un límite al chavismo que ya no gobierna, sino que sobrevive.

Es el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.

Por Benjamín Tripier.

diciembre 14, 2025 5:55 am.

El entorno de esta semana no admite dudas: el cambio en Venezuela ya no es un deseo, es un proceso en marcha, avanzado y prácticamente irreversible. El chavismo está acorralado como nunca antes, con sanciones que ya no son cosméticas o comunicacionales, sino que son estructurales; aislamiento diplomático que se vuelve asfixia, y una legitimidad interna que se desangra día tras día.

Lo que queda del chavismo en el “poder” ya no gobierna; sobrevive. Y sobrevive mal. En ese tablero, la “exfiltración” de María Corina Machado no es derrota ni huida, sino que es el movimiento más audaz y estratégico que se ha visto en décadas, y, cuya épica, terminó arrasando con cualquier dialéctica manejada por las izquierdas latinoamericanas y europeas… Porque en Venezuela, ya no queda izquierda, sino saqueo en un ambiente de sálvese quien pueda.

Es el reposicionamiento de la reina hacia el flanco donde la partida se gana o se pierde definitivamente. Quien lo lea como exilio se equivoca de plano; quien lo entienda como acto de liderazgo puro acertará de lleno.

Machado no se fue: se colocó exactamente donde tenía que estar para dirigir la fase final desde una posición de fuerza moral y operativa que el régimen ya no puede tocar. E inclusive, su llegada tardía a Oslo y las peripecias en alta mar, construyeron una épica inesperada, adicional a la que ya tiene bien ganada.

Porque ahora el eje moral y político del país está claramente definido: María Corina representa al 90 % que exige transición ordenada y sin revancha; el otro 10 % se aferra a un poder que cada día cuesta más caro en sangre, dólares y vergüenza internacional.

El control real del chavismo ya no lo tiene Maduro desde el mismo 28J24 cuando quiso reconocer a Edmundo como ganador y no lo dejaron. El verdadero jefe, desde entonces, es Diosdado Cabello, como el verdadero núcleo de resistencia; Maduro hace rato que dejó de ser el problema, habiéndose convertido en el “prisionero VIP”, y la cara visible a la que le caerá todo el peso del castigo. Es el síntoma que muestra que la infección existe y es muy grande.

La organización interna de la oposición sigue viva y disciplinada, siguiendo el liderazgo de María Corina e impulsando la toma de posesión de Edmundo González Urrutia como presidente electo; operando bajo las nuevas y duras condiciones que impone la CBBI omnipresente. La CBBI en Venezuela son los Comités Bolivarianos de Base Integral, una nueva estructura organizativa del Poder Popular juramentada en noviembre de 2025, que busca fortalecer la organización comunitaria, la defensa integral del territorio y apoyar la consolidación de Comunas y Consejos Comunales, bajo el liderazgo del gobierno y el PSUV; como una instancia inferior de los más grandes Comandos Comunitarios Bolivarianos Integrales (CCBI).

Los planes legales para la justicia anticipada contra esos dirigentes y su red ya están listos y en manos correctas. El retorno de María Corina no será un gesto simbólico ni un sacrificio: será bajo las únicas condiciones que garantizan victoria y no martirio. La solidaridad internacional ya no es solo la de Washington; se está construyendo desde toda América Latina, porque esta lucha dejó de ser venezolana para convertirse en continental.

Claro, salvedad hecha del jefe y fundador del Foro de Sao Paulo Lula Dasilva, del otro jefe narco el ex M-19 Gustavo Petro, y, desde México, en un gobierno cooptado por el narco, Claudia Sheinbaum que presenta “éxitos” contra el narco; pero, por dar solo un ejemplo, documentos filtrados revelan que uno de los mayores decomisos fue una farsa: no era heroína, era diésel. Los tres son parte del grupo que le ganan al chavismo, todos los días, “un día más”.

Es de imaginar que es para evitar que sea capturado como un “activo con mucha información” que los involucre a ellos, de la forma que el Pollo Carvajal ya involucró a Rodríguez Zapatero… Ahí, en esa lista casi seguramente deben estar, además, Sánchez, AMLO, Lugo, Evo, Arce, Lula, Dilma, Néstor y Cristina, Petro, Juan González, Rafael Correa y Pepe Mujica. Así como otros europeos que dejaron tan mal a la izquierda en su reputación.

Es que claro… la izquierda estaba “diseñada” para ser oposición y contra peso de los gobiernos capitalistas que son los que construyeron el mundo de progreso que tenemos hoy. Pero desde que comenzaron a ganar gobiernos, y se dieron cuenta que no podrían terminarlos bien sin hacer trampa; porque gastaban más de lo que les ingresaban y lo gastaban mal y lo robaban o usaban para soborno… Y para eso entraron en las drogas, la trata y el lavado… en fin… un verdadero desastre.

Y el tiempo, como siempre, es el árbitro implacable: la “exfiltración” de María Corina abre una ventana crítica de presión máxima (bloqueos, designaciones terroristas, Nobel incluido). En ese lapso, habrá que estar atentos al chavismo que está en colapso terminal, para intentar frustrar toda represalia efectiva contra la estructura interna; y hay que preparar la entrada triunfal de Machado bajo condiciones que nadie pueda revertir.

Si se logra, la transición será inevitable. Pero si se desperdicia, ese momentum se agotará y el chavismo podrá seguir intentando su recomposición bajo el mando real de Cabello, siempre en el esquema de “un día más” todos los días. El tablero está en la mitad del juego, las piezas mayores ya se movieron y no hay marcha atrás. Los próximos días, o semanas decidirán cuando Venezuela entra al siglo XXI.

El Análisis de Entorno de esta semana confirma que el cambio político en Venezuela ya dejó de ser una aspiración para convertirse en un proceso en fase avanzada y difícilmente reversible, con un chavismo acorralado por sanciones estructurales, aislamiento internacional y una pérdida casi total de legitimidad interna.

Al mismo tiempo, la figura de María Corina Machado se consolida como eje moral y político del 90% del país que exige transición, mientras el 10% restante se aferra a un poder cada vez más costoso de sostener. Porque en realidad se trata de un enfrentamiento espiritual de la lucha de las fuerzas del Bien, contra las fuerzas del mal, representadas por este grupo que trafica drogas, oro, personas y petróleo; y que captura, desaparece, tortura y mata gente por pensar diferente, y que roba y destruye bienes públicos e infraestructura; sumado a la destrucción moral y de autoestima del pueblo, además de haber impulsado la emigración de 9 millones de venezolanos, entre los cuales, para colmo, infiltró a los monstruos del tren de Aragua.

Entorno internacional y bloqueo

El bloqueo total de Estados Unidos sobre Venezuela y la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista no responden a peticiones de María Corina, sino a la necesidad unilateral de Washington de contener lo que ellos definieron en 2014 con una orden ejecutiva de Obama, renovada año tras año por cada presidente norteamericano, como una “amenaza inusual y extraordinaria” derivada de la presencia en territorio venezolano de redes como Hezbollah, la Guardia Revolucionaria iraní, ELN, FARC residuales, el Tren de Aragua y, entre otros no nombrados, la estructura narco-terrorista del Cartel de los Soles.

Esta combinación convierte al chavismo que está gobernando de facto, en un nodo de riesgo transnacional que los Estados Unidos y aliados ya tratan como problema de seguridad propia, no como un simple diferendo político con Caracas… pobre Caracas y pobre Venezuela en manos de esta gente.

En este contexto, cualquier escenario de acción militar o presión coercitiva adicional se entiende como respuesta a ese entramado criminal y terrorista, no como instrumento de una agenda personal de la oposición. Para Venezuela, esto significa que el costo internacional de sostener al chavismo en su versión Maduro–Cabello aumenta día a día, mientras la ventana para una salida ordenada se estrecha cada día más.

Correlación interna de fuerzas

A nivel interno, el proceso de cambio ha madurado silenciosamente hasta configurar una mayoría social estimada en 80–90% a favor de la transformación democrática que encarna María Corina, incluso tras su “exfiltración” y la reorganización del liderazgo desde el exterior. El sistema de control territorial mediante CBBI y estructuras represivas solo logra administrar el miedo, pero no reconstruye adhesión ni legitimidad real.

Si no que les pregunten a las decenas de puntos de control militar en la carretera, durante las 5 horas y 25 minutos que usualmente se toma para recorrer los 406 kilómetros entre Caracas y Cumarebo, Estado Falcón, punto en el cual, dice una de las versiones, se “montó en un peñero”.

Ese desequilibrio entre una base social masiva motivada por el cambio, y una élite minoritaria aferrada al poder, explica la escalada represiva y comunicacional del 10% restante que sigue defendiendo a este sistema salvaje de muerte y empobrecimiento.

La represión física y emocional, junto con la fabricación de matrices de opinión destinadas a justificar que el chavismo se quede “un día más”, son expresiones del cálculo de supervivencia de quienes saben que cada jornada adicional en el poder es un día menos para enfrentar responsabilidades judiciales y políticas. Y allí se incluyen comentaristas de política y economía, encuestadores, empresarios, funcionarios públicos y militares, así como políticos alacranes quienes, con la “excusa” de la defensa de la soberanía, ignoran, a propósito, que fueron ellos mismos los que se la entregaron a Cuba, Irán, Rusia y los grupos terrorista mencionados más arriba… la soberanía ya está perdida… Lo que se espera que hagan los países aliados es ayudar a restaurarla.

No como Libia e Irak como ellos pregonan (siendo que hoy Venezuela se parece más a Haití que a Guatemala, último referente de comparación de PBI y está peor que Irak o Libia), sino como Alemania, Japón, Corea y Singapur, que son sociedades icónicas que se desarrollaron desde los escombros, y hoy son potencias mundiales. Eso es lo que se espera: Recuperar la soberanía para poder lanzarnos al futuro exitoso que nos merecemos y podemos lograr.

La naturaleza del gobierno de facto

La información disponible confirma que Diosdado Cabello concentra el poder real sobre las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia, las estructuras criminales y la red mediática orgánica, mientras Maduro opera como fachada institucional y sostiene algún peso limitado sobre lo institucional y económico, siempre bajo la mirada atenta del auto nombrado ministro del interior.

Esta configuración obliga a entender al chavismo en el poder más como coalición narcoterrorista-militar-paraestatal que como un gobierno convencional, con Cabello como operador central del Cartel de los Soles y articulador de los CBBI y los colectivos. Ah y en cuanto a la vocería y las relaciones internacionales, Maduro es percibido como el vocero del pensamiento de Diosdado. Como se entenderá, estos cuadros de situación que uno va presentando en los análisis, solo pueden construirse basados en fuentes abiertas, ya sean oficiales u oficiosas, e información privilegiada de alta credibilidad.

En ese marco, la persecución contra colaboradores internos, la intensificación de la vigilancia comunitaria y la criminalización del liderazgo democrático no son signos de fortaleza, sino reflejos de un sistema que necesita elevar el costo del disenso porque ha perdido la capacidad de integrar y persuadir.

La creciente dependencia del chavismo de su dimensión criminal y represiva acelera su incompatibilidad con cualquier normalización internacional de mediano plazo.

Inminencia del cambio

La “exfiltración” de María Corina no debe leerse como retirada, sino como reposicionamiento estratégico que permite preservar el liderazgo de la transición en un momento de máxima vulnerabilidad del chavismo por bloqueo, aislamiento y fracturas internas latentes.

El premio Nobel de la Paz y la articulación de alianzas regionales y globales refuerzan la percepción de inevitabilidad del cambio y elevan el costo de cualquier intento de eliminación física del liderazgo democrático.

Al interior, la transición avanza bajo lógica de acumulación silenciosa, a través de redes clandestinas reorganizadas frente a los CBBI, mujeres y estructuras comunitarias como vectores de resistencia de baja exposición, y una ciudadanía que percibe que el tiempo político dejó de jugar a favor del chavismo.

La combinación de presión externa estructural y mayoría interna consolidada hace que la pregunta ya no sea si habrá transición, sino cómo se gestionará su ritmo y su nivel de orden o caos.

Actualización de escenarios

Escenario optimista: salida negociada

Con la cada vez más baja probabilidad de ocurrencia, pudiera fortalecerse si se desagrega en un resultado de un ataque fuerte (no deseado y nunca pedido por María Corina) y una negociación posterior a la luz del daño infligido. Porque la combinación de bloqueo total, designación del Cartel de los Soles como organización terrorista y erosión interna hace que la cúpula termine entendiendo, antes o después, que el costo de permanecer se volvió mayor que el de negociar. La FANB comienza a marcar distancia, no por convicción democrática repentina, sino por instinto de preservación corporativa ante el riesgo de quedar asociada de forma irreversible a una estructura narco-terrorista.

Escenario “inocuo”: un día más, todos los días

Aquí el gobierno de facto intenta seguir administrando la supervivencia, aplazando decisiones de fondo y apostando a que el tiempo todavía puede jugar a su favor. Sin embargo, a diferencia de momentos anteriores, la inercia ya no depende solo de la voluntad de Maduro–Cabello, sino del punto en el que la combinación de sanciones, aislamiento y operaciones de seguridad de Estados Unidos haga insostenible el statu quo.

El “un día más” se convierte en un cálculo de riesgo creciente: cada jornada añadida en el poder aumenta la exposición penal de la cúpula y endurece la respuesta internacional, mientras el país se hunde en deterioro institucional y económico. En este escenario, la transición no desaparece, solo se retrasa y llega con más daño acumulado y un margen de maniobra menor para todos los actores.

Escenario pesimista: extracción forzosa y desmantelamiento del cartel

El escenario pesimista –que no es el deseo de la oposición democrática- tiene una probabilidad muy alta de ocurrencia, y es la consecuencia de que el chavismo sigue manteniendo para EEUU su condición de “amenaza inusual y extraordinaria” al persistir en su rol de plataforma para redes terroristas y narcotráfico de Estado. Si la cúpula ignora todas las señales y se cierra a cualquier salida negociada, la opción que queda a los actores de seguridad internacional es el uso focalizado de la fuerza para neutralizar la cúpula y desarticular el Cartel de los Soles.

Lo anterior implicaría operaciones quirúrgicas sobre mandos claves, mayor involucramiento de actores externos y un período de inestabilidad significativa en el territorio hasta que una autoridad legítima logre ocupar el vacío. Desde la perspectiva de Venezuela, es el escenario más costoso en vidas, infraestructura y tejido social, y refuerza el mensaje de que el único espacio racional para la cúpula hoy está en el escenario optimista de salida pactada bajo un marco de justicia transicional, y no en prolongar el “un día más” hasta forzar una intervención por la fuerza.

Recomendaciones

Para el gobierno de facto (saliente):

Comprender que prolongar el status quo bajo mando de Cabello y Maduro solo incrementa el riesgo personal y patrimonial de la cúpula, dada la naturaleza terrorista y narco-criminal ya reconocida internacionalmente del Cartel de los Soles

Explorar canales de salida que reduzcan el costo humano y faciliten acuerdos de justicia transicional para rangos medios y bajos, aceptando que los principales arquitectos del sistema no tendrán opción de impunidad plena

Para el gobierno electo (entrante):

Mantener una narrativa clara de que la cooperación internacional, incluidas las medidas de bloqueo, es en respuesta a un régimen convertido en amenaza transnacional, no subordinación de la agenda venezolana.

Preparar desde ahora el dispositivo institucional de transición: gobierno provisional, seguridad en el territorio, justicia transicional diferenciada y tratamiento especial de las fuerzas armadas en un marco democrático.

Para empresarios no cooptados:

Preservar capital moral y operativo evitando asociación con esquemas del Cartel de los Soles y estructuras paraestatales, aun a costa de sacrificios de rentabilidad de corto plazo. Cuidarse de ese liderazgo empresario que propone de todo para preservar al chavismo en el poder, aunque sea por un día más”.

Organizarse en torno a propuestas de reconstrucción productiva post-chavismo, articulando compromisos públicos de transparencia, competencia leal y reinstitucionalización económica

Para países aliados que apoyan la libertad de Venezuela:

Alinear sanciones y acciones de presión con un relato que enfatice la lucha contra redes terroristas y criminales, no contra el pueblo venezolano, reforzando ayudas humanitarias y apoyo a desplazados.

Acompañar la transición con observación internacional, apoyo a la justicia de crímenes de lesa humanidad y respaldo técnico a la reconstrucción institucional, evitando vacíos que puedan ser ocupados por actores violentos o mafias residuales.

Cuando el 90% del país empuja la misma dirección y el 10% restante solo puede responder con terror y violencia, el resultado deja de ser incierto: la transición se vuelve inminente y la verdadera decisión pendiente es si la cúpula acepta una salida con algún grado de control o prefiere enfrentar el costo total del derrumbe.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Discurso del Presidente del Comité Noruego del Nobel Jørgen Watne Frydnes

 

Oslo, a 10 de diciembre de 2025.

Sus Majestades,

Sus Altezas Reales,

Señora Machado, Premio Nobel de la Paz,

Excelencias,

Distinguidos invitados,

Señoras y señores.

 

Samantha Sofía Hernández, una adolescente de 16 años, el mes pasado fue brutalmente secuestrada por hombres enmascarados de las fuerzas de seguridad del régimen de Maduro. La sacaron de la casa de sus abuelos. No sabemos dónde se encuentra actualmente, probablemente en uno de los centros de internamiento de la dictadura. Puede que esté con su padre, quien en enero desapareció sin dejar rastro.

¿Cuál fue su pecado?

Su hermano era soldado, pero se negó a seguir las órdenes del régimen de cometer actos brutales contra la población.

Por ese delito, toda la familia debe ser castigada.

A Juan Requesens se le ordena girarse lentamente hacia la cámara. Las imágenes lo muestran de pie, en ropa interior, cubierto de heces y con la mirada perdida y confusa. Supuestamente había confesado haber planeado un golpe de Estado.

Pero, por supuesto, no había pruebas. El día antes de ser detenido, Juan compareció ante la Asamblea Nacional. Dio un discurso en el que repetía una frase clave; una promesa a su país y a sí mismo: «Yo me niego a rendirme.»

Alfredo Díaz, líder opositor y exalcalde, fue sacado de un autobús el pasado mes de noviembre y arrojado a las profundidades de El Helicoide, la mayor cámara de tortura de América Latina. Un preso político más, en una larga lista. Esta semana se ha conocido la noticia de su muerte. Otra vida perdida. Otra víctima del régimen.

Estas historias no son únicas. Esta es Venezuela de hoy. Es como el régimen venezolano trata a sus propios ciudadanos. A una hermana. A un estudiante. A un político. Cualquiera que aún crea en decir la verdad en voz alta puede desaparecer violentamente en un sistema creado específicamente para erradicar esa creencia.

Samantha, Juan y Alfredo no eran extremistas. Eran venezolanos comunes y corrientes que soñaban con libertad, democracia y derechos.

Por ello, les arrebataron la vida.

Este régimen ni siquiera perdona a sus niños. Más de 200 menores fueron detenidos tras las elecciones de 2024. Las Naciones Unidas documentaron lo que sufrieron de la siguiente manera:

Bolsas de plástico apretadas sobre sus cabezas.

Descargas eléctricas en los genitales.

Golpes al cuerpo tan brutales que les dolía respirar.

Violencia sexualizada.

Celdas tan frías que provocan intensos temblores.

Agua potable contaminada, llena de insectos.

Gritos a que nadie acudió para poner fin.

Un niño yacía en la oscuridad susurrando el nombre de su madre, una y otra vez, con la esperanza de que ella no creyera que estaba muerto.

Un joven de 16 años finalmente regresó a casa, tan devastado por las descargas eléctricas y los golpes que no podía abrazar a su madre sin sentir un dolor agudo en todo el cuerpo. Durante meses, se asustaba con cada ruido y apenas dormía. Por la noche se despertaba sobresaltado, convencido de que los soldados habían regresado para reanudar sus ataques.

Mientras estamos aquí sentados en el Ayuntamiento de Oslo, hay personas inocentes encerradas en celdas oscuras en Venezuela. No pueden oír los discursos de hoy, solo los gritos de los presos que están siendo torturados.

Así es como los poderes autoritarios intentan aplastar a quienes se alzan en defensa de la democracia. Las Naciones Unidas  han declarado que estos actos constituyen crímenes de lesa humanidad.

Este es el régimen de Nicolás Maduro.

Venezuela se ha convertido en un Estado brutal y autoritario sumido en una profunda crisis humanitaria y económica. Mientras tanto, una pequeña élite en la cúspide, protegida por el poder, las armas y la impunidad, se enriquece.

A la sombra de esta crisis, miles de mujeres y niños se ven empujados hacia la prostitución y la trata de personas. Las hijas simplemente desaparecen. Los niños se convierten en objetos de comercio en manos de delincuentes que ven la desesperación humana como una oportunidad de negocio.

Una cuarta parte de la población ya ha huido del país, lo que supone una de las mayores crisis de refugiados del mundo.

Quienes se quedan viven bajo un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a la oposición.

Venezuela no está sola en esta oscuridad. El mundo va por mal camino. Los regímenes autoritarios están ganando terreno.

Tenemos que plantearnos la incómoda pregunta:

¿Por qué nos resulta tan difícil preservar la democracia, una forma de gobierno concebida para proteger nuestra libertad y nuestra paz?

Cuando la democracia pierde, el resultado es más conflicto, más violencia, más guerra.

En 2024 se celebraron más elecciones que en ningún otro año anterior, pero cada vez menos son libres y justas. El poder de la ley se usa de forma indebida. Se silencia a los medios libres. Los críticos son encarcelados.

Cada vez más países, incluso aquellos con una larga tradición democrática, están derivando hacia el autoritarismo y el militarismo.

Los regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas de propaganda. Detrás de Maduro están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá, que proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica. Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal.

Y, sin embargo, en medio de esta oscuridad, hay venezolanos que se han negado a rendirse. Los que mantienen viva la llama de la democracia. Que nunca ceden, pese al enorme coste personal. Ellos nos recuerdan constantemente lo que está en juego.

Muchos de ellos están hoy aquí con nosotros:

El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia.

Carlos, el poeta.

Claudia, la activista.

Pedro, el catedrático universitario.

Ana Luisa, la enfermera.

Corina, la abuela.

Antonio, el político de oposición.

María Corina, la ganadora del premio Nobel de la Paz.

En el núcleo de la lucha por la democracia brilla una simple verdad: la democracia es más que una forma de gobierno. Es también la base para una paz duradera.

Millones de venezolanos lo saben.

Año tras año, estudiantes, sindicatos, periodistas, organizaciones empresariales y ciudadanos de a pie se han movilizado en oleadas de resistencia.

Han llenado las calles en señal de protesta. Cuando les arrebataron sus votos, hicieron sonar cacerolas. Cuando la vigilancia estatal se vuelve ineludible, susurran.

Personas de todo el espectro político – desde comunistas hasta conservadores – se han alzado para desafiar al régimen. La oposición ha probado una estrategia tras otra.

A lo largo de todo esto han dicho: No luchamos por venganza, sino por justicia.

Por la inviolabilidad de las urnas. Por la democracia. Por la paz.

Pero les responden que esas cosas son imposibles. Que fracasarán.

Y cuando los venezolanos pidieron al mundo que prestara atención, les dimos la espalda.

Mientras perdían sus derechos, su alimento, su salud y su seguridad – y, finalmente, su propio futuro – gran parte del mundo se aferró a sus viejas narrativas. Algunos insistían en que Venezuela era una sociedad igualitaria ideal. Otros solo querían ver en ella una lucha contra el imperialismo. Otros más optaron por interpretar la realidad venezolana como una competencia entre superpotencias, pasando por alto el valor de quienes buscan la libertad en su propio país. Todos estos observadores tienen algo en común: la traición moral a quienes de hecho viven bajo este régimen brutal.

Si solo apoyas a quienes comparten tus opiniones políticas, no has entendido ni la libertad ni la democracia. Sin embargo, muchos críticos se quedan ahí. Ven que las fuerzas democráticas locales cooperan, por necesidad, con actores que les desagradan y utilizan eso como justificación para negarles su apoyo. Así anteponen las convicciones ideológicas a la solidaridad humana.

¿Cómo debemos considerar a aquellos que dedican toda su energía en buscar defectos en las difíciles decisiones que han debido tomar los valientes defensores de la democracia, en lugar de reconocer su valentía y su sacrificio, o de preguntarse cómo podemos también nosotros contribuir a la lucha contra la dictadura?

Es fácil aferrarse a los principios cuando lo que está en juego es la libertad de otros. Pero ningún movimiento democrático actúa en circunstancias ideales. Los líderes activistas deben enfrontar y resolver dilemas que quienes observamos desde fuera podemos permitirnos ignorar. Quienes viven bajo una dictadura a menudo tienen que elegir entre lo difícil y lo imposible. Sin embargo, muchos de nosotros – desde una distancia segura – esperamos que los líderes democráticos de Venezuela persigan sus objetivos con una pureza moral que sus adversarios jamás muestran. Esto no es realista. Es injusto. Y revela una ignorancia de la historia.

Muchos de los que se han subido a este estrado para recibir el Premio Nobel de la Paz, entre ellos Lech Walesa y Nelson Mandela, conocían bien los dilemas del diálogo.

En los sistemas autoritarios, el diálogo puede conducir a mejoras, pero también puede ser una trampa. El diálogo se utiliza a menudo para ganar tiempo, generar división y controlar la agenda. María Corina Machado ha participado en procesos de diálogo por años. Nunca ha rechazado el principio de hablar con la otra parte, pero sí ha rechazado los procesos vacíos.

La paz sin justicia no es paz.

El diálogo sin verdad no es reconciliación.

El futuro de Venezuela puede tomar muchas formas. Pero el presente es uno solo, y es horroroso.

Por eso la oposición democrática en Venezuela debe contar con nuestro apoyo, no con nuestra indiferencia o, peor aún, con nuestra condena. Cada día, sus dirigentes deben elegir un camino que realmente esté a su alcance, no el camino de las ilusiones.

Apoyar el desarrollo democrático es apoyar la paz.

Pero desde el anuncio del Premio Nobel de la Paz de este año, se ha planteado la cuestión: ¿La democracia realmente conduce a la paz?

Los resultados de la investigación son contundentes, y la respuesta es afirmativa. No porque la democracia sea perfecta, sino porque sus propios mecanismos hacen que la guerra sea menos probable.

Las democracias cuentan con válvulas de seguridad: medios de comunicación libres, estructuras de reparto del poder, tribunales independientes, organizaciones de la sociedad civil y elecciones que permiten cambiar de liderazgo sin recurrir a la violencia. En este entorno político, las opiniones divergentes no son una amenaza que deba ser sofocada, sino una ventaja.

En una democracia, un líder que ignora los hechos puede ser sustituido en las próximas elecciones. En un régimen autoritario, el líder se mantiene en el poder y reemplaza a todos aquellos que dicen verdades incómodas. La lealtad pasa a ocupar el lugar de la realidad y se toman decisiones peligrosas en la oscuridad. La guerra siempre tiene un alto costo, pero en los regímenes autoritarios no son los líderes quienes pagan el precio más alto. Por eso las democracias casi nunca van a la guerra entre sí, a diferencia de lo que ocurre con más frecuencia con los Estados autoritarios.

El mandato de Nicolás Maduro en Venezuela demuestra por qué. Los conflictos se resuelven por la fuerza bruta y no mediante la negociación. El resultado es una sociedad en la que millones de personas se ven obligadas a guardar silencio, con consecuencias que no se detienen en la frontera. La inestabilidad, la violencia y la destrucción sistemática de las instituciones del país han afectado a toda la región, y un país vecino ha sido amenazado con una invasión militar. Venezuela demuestra – con dolorosa claridad – que el autoritarismo no solo destruye la sociedad desde dentro, sino que también propaga la inestabilidad más allá de sus fronteras. 

La democracia no es, obviamente, una garantía de paz, pero es el sistema más eficaz del que disponemos para prevenir la violencia y el conflicto.

Este razonamiento suele suscitar un contraargumento bien conocido: que la democracia en sí genera disturbios y conflictos, que reclamar la libertad es peligroso. Se trata de una afirmación antigua. Los líderes autoritarios la han utilizado durante generaciones para justificar su permanencia en el poder. Hoy, además, refuerzan ese argumento con desinformación y propaganda, dos de sus armas esenciales.

Señoras y señores:

Como ciudadanos en una democracia tenemos el deber de ser críticos con nuestras fuentes de información. Deben saltar las alarmas cuando las opiniones que expresamos sean idénticas a las difundidas por uno de los sistemas de desinformación más manipuladores del mundo. Porque, en ese caso, no solo estamos difundiendo información, sino la propaganda estratégica de un dictador.

¿Qué hemos de pensar cuando leemos que es la oposición venezolana la que amenaza al país con la guerra, que el movimiento democrático es quien desea una invasión? ¿Cuando se invierte por completo el relato y las víctimas son tildadas de agresores? Esta es la versión de la realidad que el régimen de Maduro ofrece al mundo: que su régimen es el garante de la paz. Pero una paz basada en el miedo, el silencio y la tortura no es paz; es sumisión presentada como estabilidad.

No, el origen de la violencia no son los activistas democráticos. Proviene de quienes están en la cúspide del poder y se niegan a cederlo. No fue Nelson Mandela quien hizo violenta a Sudáfrica, sino la represión del régimen del apartheid contra las demandas de igualdad. No fueron los grupos de oposición quienes iniciaron las encarcelaciones en Bielorrusia, las ejecuciones en Irán – o la persecución en Venezuela. La violencia emana de los regímenes autoritarios cuando arremeten contra las demandas populares de cambio.

La paz y la democracia no pueden separarse sin que ambas pierdan su significado. La paz duradera requiere un Estado de derecho, la participación política y el respeto por la dignidad humana.

Antes de poder debatir nuestras discrepancias políticas, debemos establecer algún tipo de democracia. Sin ella, no hay una distinción significativa entre derecha e izquierda, no existe una forma legítima de discrepar, ni una auténtica vida política.

La democracia no es un lujo prescindible.

No es un adorno que se coloca en una estantería.

La democracia es trabajo arduo.

Es acción y negociación.

Es una obligación viva.

Los instrumentos de la democracia son los instrumentos de la paz.

Nos reunimos hoy, por lo tanto, para defender algo mucho más importante que cualquiera de los dos lados de una división política o ideológica. Nos reunimos para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa una paz duradera.

Cuando la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado.

Como fundadora de Súmate, una organización dedicada a construir democracia, María Corina Machado dio un paso al frente para defender elecciones libres y justas hace ya más de dos décadas. Como ella misma lo expresó: “Fue una elección de votos sobre balas”.

A través de sus responsabilidades políticas y de su labor en diversas organizaciones, ha alzado la voz en favor de la independencia judicial, los derechos humanos y la representación popular. Ella ha dedicado años de trabajo a la libertad del pueblo venezolano.

Las elecciones presidenciales de 2024 fueron un factor decisivo en la elección de la galardonada con el Premio de la Paz de este año. María Corina Machado fue la candidata presidencial de la oposición y la voz unificadora de la esperanza en el país. Cuando el régimen bloqueó su candidatura, el movimiento podría haberse derrumbado, pero ella brindó su apoyo a Edmundo González Urrutia y la oposición se mantuvo unida.

La oposición logró encontrar un terreno común en la exigencia de elecciones libres y de un gobierno representativo. Este es el fundamento mismo de la democracia: nuestra disposición compartida a defender los principios del gobierno del pueblo, incluso cuando discrepamos en las políticas. En un momento en que la democracia está bajo amenaza en todo el mundo, es más importante que nunca defender este terreno común.

Cientos de miles de voluntarios se movilizaron por encima de las divisiones políticas. Fueron formados como observadores electorales y utilizaron la tecnología de nuevas maneras para documentar cada etapa del proceso electoral. Hasta un millón de personas vigilaron los centros de votación en todo el país. Subieron las actas de escrutinio, fotografiaron las actas y aseguraron copias antes de que el régimen pudiera destruirlas. Defendieron esa documentación con sus propias vidas y luego se aseguraron de que el mundo conociera los resultados de la elección.

Fue una movilización de base sin precedentes en Venezuela y, probablemente, en el mundo entero. Ciudadanos y ciudadanas de a pie, de todos los ámbitos de la vida, llevaron a cabo un trabajo sistemático y de alta tecnología de documentación en un clima de amenazas, vigilancia y violencia.

Los esfuerzos de este movimiento democrático, tanto antes como después de las elecciones, fueron innovadores y valientes, pacíficos y profundamente democráticos.

La oposición obtuvo apoyo internacional cuando sus dirigentes hicieron públicos los resultados del escrutinio recogidos en los distintos distritos electorales del país, que demostraban que la oposición había ganado por un margen claro.

Pero el régimen lo negó todo. Falsificó los resultados electorales y se aferró al poder, recurriendo a la violencia.

Durante el último año, la señora Machado se ha visto obligada a vivir en la clandestinidad.

Pese a las graves amenazas, ha permanecido en el país, siendo una fuente de inspiración para millones de personas.

Recibe el Premio Nobel de la Paz de 2025 por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición pacífica y justa de la dictadura a la democracia.

Durante mucho, mucho tiempo, la oposición en Venezuela ha recurrido a todas las herramientas de la democracia para sostener su campaña civil pacífica. A lo largo de los años, la señora Machado y sus aliados se han visto obligados a adaptarse y cambiar de tácticas. Han utilizado casi todos los instrumentos democráticos: desde el boicot electoral cuando el sistema estaba demasiado corrompido, hasta la participación cuando pequeños resquicios en el proceso lo permitían. Han intentado el diálogo, la organización, la movilización y una extensa labor de documentación electoral.

La señora Machado ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una invasión de Venezuela.

Ha exhortado a la población a defender sus derechos por medios pacíficos y democráticos.

Las investigaciones sobre la paz lo demuestran claramente: la movilización no violenta a gran escala figura entre los métodos más eficaces para lograr un cambio político en una dictadura. Cuando una población se moviliza, la comunidad internacional ejerce una fuerte presión y las fuerzas de seguridad se abstienen de utilizar la violencia contra la población, puede alcanzarse un punto de inflexión.

Como líder del movimiento democrático en Venezuela, María Corina Machado es uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en la historia reciente de América Latina.

El Premio Nobel de la Paz de este año cumple con los tres criterios establecidos en el testamento de Alfred Nobel.

En primer lugar, la oposición venezolana ha logrado unir movimientos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos comunes con un objetivo común: el restablecimiento de la democracia. Reunir a grupos diversos que anteriormente se oponían entre sí equivale, en la actualidad, a lo que Alfred Nobel denominó la celebración de congresos por la paz.

En segundo lugar, el movimiento democrático de Venezuela se ha opuesto a la militarización de la sociedad impulsada por el régimen. Dicho régimen ha armado a miles de grupos, ha autorizado a bandas paramilitares a cometer abusos y ha invitado a fuerzas militares extranjeras al país, acelerando así la militarización. Al documentar los abusos y exigir rendición de cuentas, la oposición busca fortalecer la autoridad democrática civil y reducir la influencia de las armas. Esto priva a los criminales y a las milicias afines al régimen de su armamento y autonomía, cumpliendo así con el criterio de Nobel de promover la paz mediante el desarme.

En tercer lugar, la verdadera fraternidad o hermandad – la que Alfred Nobel imaginó – requiere de la democracia. Solo cuando las personas pueden elegir a sus líderes y expresarse sin temor puede arraigar la paz, ya sea dentro de una sociedad o entre países. La democracia constituye la forma más elevada de fraternidad y el camino más seguro hacia una paz duradera.

Por lo tanto, hoy, aquí, en esta sala – con toda la solemnidad que acompaña al Premio Nobel de la Paz y a esta ceremonia anual – diremos aquello que más temen los líderes autoritarios:

Su poder no es permanente.

Su violencia no prevalecerá sobre un pueblo que se levanta y resiste.

Señor Maduro:

Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo.

Debe sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia.

Porque esa es la voluntad del pueblo venezolano.

María Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar.

Cuando se escriba la historia de nuestra época, no serán los nombres de los gobernantes autoritarios los que destaquen, sino los nombres de quienes se atrevieron a resistir.

Quienes se mantuvieron firmes frente al peligro.

Quienes siguieron adelante cuando otros se rindieron.

Carl von Ossietzky.

Andréi Sájarov.

Nelson Mandela.

A lo largo de su dilatada historia, el Comité Noruego del Nobel ha rendido homenaje a mujeres y hombres valientes que se han alzado contra la represión, que han llevado la esperanza de libertad a las celdas, a las calles y a las plazas públicas, y que con sus actos han demostrado que la resistencia puede cambiar el mundo.

Hoy le honramos a usted, María Corina Machado.

Rendimos también homenaje a todos quienes esperan en la oscuridad.

A todos quienes han sido detenidos y torturados, o han desaparecido.

A todos quienes siguen manteniendo la esperanza.

A todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados a susurrar el lenguaje de la libertad.

Que nos escuchen ahora.

Que sepan que el mundo no les da la espalda.

Que la libertad se acerca.

Y que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático.

Que amanezca una nueva era.