José
Rincón mira a cámara y muestra en la pantalla del celular la foto de su nieto
Abelardo Rincón, quien regresaba deportado de Estados Unidos a Venezuela en el
vuelo 164, en La Guaira, Venezuela, julio de 2026.Fuente de la imagen, Nicole
Kolster
El
vuelo de la tragedia: los 146 deportados por EE.UU. el mismo día de los
terremotos que acabaron bajo los escombros en Venezuela
Autor: Nicole
Kolster y Ángel Bermúdez
Orlando
Torres le debe su vida a una llamada telefónica no atendida.
Él
es uno de los pasajeros del llamado vuelo 164 en el que 146 venezolanos
deportados desde Estados Unidos regresaron a Venezuela el pasado 24 de junio,
apenas unas horas antes del doble terremoto que sacudió ese país con un saldo
que ya supera los 2.000 muertos y decenas de miles de heridos y desaparecidos.
Los
repatriados fueron recibidos en Venezuela a través del programa gubernamental
Misión Vuelta a la Patria que los trasladó hasta el Hotel Santuario La Llanada,
ubicado en La Guaira, el estado más afectado por los terremotos.
La
instalación, donde los deportados cumplían una serie de procedimientos
administrativos, sanitarios y de seguridad, colapsó durante el doble sismo
dejando un trágico balance de muerte y gran incertidumbre.
Fue
justamente uno de esos trámites el que permitió a Torres salvar su vida. Él fue
uno de los últimos pasajeros en bajar del avión y también en llegar al hotel,
según cuenta en un audio entregado por sus familiares a BBC Mundo.
Pocos
minutos antes del terremoto, Torres estaba en un edificio anexo al principal
para hacer una última gestión: hablar por teléfono con su hermano, la persona a
la que iba a ser entregado por los agentes del Servicio Bolivariano de
Inteligencia (Sebin), el organismo del gobierno de Venezuela a cargo del
proceso.
El
hermano de Torres no respondió, por lo que su trámite se retrasó unos minutos
vitales que evitaron que él estuviera en el edificio principal de cuatro pisos
que albergaba a la mayor parte de los deportados, que quedaron sepultados bajo
los escombros.
El
164 era uno de los vuelos semanales de deportación que han devuelto a decenas
de miles de venezolanos a su país como parte de la ofensiva migratoria del
gobierno de Donald Trump.
Como millones de compatriotas, muchos de los repatriados ahora migraron EE.UU. en los últimos años, huyendo del colapso económico de su país y la persecución del gobierno, arriesgando sus vidas en un peligroso trayecto.
Pie
de foto, Familiares de los deportados en el vuelo 164 desde Estados Unidos a Venezuela el día de los sismos afuera de los
edificios derrumbados en La Guaira, Venezuela.
Incertidumbre
Horas
antes de la tragedia, Vuelta a la Patria anunció en un post publicado en X que
en el vuelo 164 llegaron a Venezuela "120 hombres, 19 mujeres, 5 niños y 2
niñas, todos listos para comenzar una nueva etapa en su amada patria".
Un
video en Instagram de la misma fecha muestra a los deportados llegando al
Aeropuerto Internacional de Maiquetía y al jefe de Vuelta a la Patria, Mervin
Maldonado, saludando y entregándoles juguetes a los niños.
Las
autoridades venezolanas no han ofrecido un balance público sobre lo ocurrido
con estas personas. Las solicitudes de información que BBC Mundo hizo a
Maldonado y a la Gran Misión Vuelta a la Patria no han sido respondidas hasta
el momento.
Un
recuento inicial informal basados en testimonios de un grupo de sobrevivientes
indicaban que solamente 12 personas habrían sobrevivido. Testimonios
posteriores de víctimas y familiares, sin embargo, sugieren que la cifra puede
ser mayor.
El
Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. (DHS, por sus siglas en inglés),
al ser preguntado por BBC News sobre los pasajeros del vuelo 164, no ofreció
detalles más allá de una breve declaración.
"Este
vuelo llegó de manera segura a Venezuela y todos los extranjeros ilegales a
bordo fueron devueltos a su país", contestó un portavoz del DHS a la BBC
el martes.
"Cuando
una persona ya no está bajo la custodia de ICE (el Servicio de Control de
Inmigración y Aduanas), ICE ya no es responsable de ella".
Salvados
por ellos mismos
Torres
es uno de los pocos deportados ese día que lograron salir prácticamente ilesos
de los terremotos.
El
sismo doble lo lanzó al piso, pero él logró ponerse en pie, se colocó una silla
sobre la cabeza y corrió hacia la salida del edificio anexo. Entonces, vio el
horror: el edificio en el que se iba a hospedar aquella noche y donde estaban
casi todos sus compañeros de viaje, así como numerosos funcionarios públicos,
se había derrumbado.
A
partir de ese momento, de acuerdo con los testimonios recogidos por BBC Mundo,
empezó el proceso de rescate. Varios sobrevivientes cuentan que tuvieron que
salvarse a ellos mismos y que la ayuda que recibieron vino de otros deportados.
Ese
fue el caso de Pedro (no es su nombre real). Él ya se había duchado y estaba
recostado en la habitación cuando escuchó un estruendo que venía de lejos y se
dio cuenta de que todo temblaba. Junto a otros, intentó correr hacia unas
escaleras cuando, de pronto, algo le cayó encima.
"Quedé
con una pierna estirada y la otra rodilla contra el pecho, mi cabeza contra el
piso y en la espalda un peso terrible que me dolía demasiado. Quedamos
amontonadas muchas personas. Gritábamos. Eso era una oscuridad, sentíamos como
el polvo entraba en nuestras narices al respirar. Fue un momento muy
difícil", le cuenta a BBC Mundo.
"Los
muchachos alrededor mío, todos aplastados, decían 'no siento las piernas', 'me
afecta la cabeza', y yo comencé a orar tratando de calmarlos", agrega.
Dice
que estuvo bastante tiempo allí hasta que supo que algunos de los deportados
que habían logrado salir estaban tratando de rescatarlos. Así fue como en algún
momento sintió que se había liberado un poco el peso sobre su espalda.
"Pude
mover mi pierna, pensé que la tenía rota, la saqué a un lado y la estiré. Me
puse en posición recta, boca abajo, y me fui a rastras hasta que llegué a un
sitio donde vi una salida hacia arriba, y los muchachos me vieron y me
sacaron", relata.
Mildrey,
la esposa de Darwin Serrano, otro de los repatriados de Estados Unidos a
Venezuela en el vuelo 164, en La Guaira, Venezuela, julio de 2026. Fuente de la
imagen, Nicole Kolster
La experiencia de Ninoska Gutiérrez fue similar.
Cuando
empezó el terremoto, salió de la habitación en la que había poco más de una
decena de mujeres para intentar escapar. Pero en medio del caos cayó al piso y,
al desplomarse el techo y una pared, quedó con las piernas atrapadas.
"Yo
estaba como en estado de shock. Veníamos de tan lejos, después de pasar por
tantas cosas, de estar meses presos, esperando tanto el deseado avión de la
deportación, llegar a nuestros países y encontrarnos con una desgracia como
esta (…). Dios mío, no puede ser posible, ocho años fuera de mi país y yo le
voy a llegar a mi familia en una urna", cuenta sobre su experiencia en un
testimonio en audio facilitado por familiares a BBC Mundo.
Poco
a poco, según explica Gutiérrez, empezó a quitarse los escombros de encima
hasta que pudo mover las piernas. Entonces, logró llegar hasta una abertura en
el techo desplomado, y uno de los deportados sobrevivientes la ayudó a salir.
"Ahí
el que pudo salir, pudo salir por los propios medios, por nosotros mismos, por
nosotros querer sobrevivir, pero no fue porque llegaron los bomberos o defensa
civil o ellos [los del Sebin] ayudaron. No, por lo menos mientras yo estuve
ahí", relata.
"Nosotros mismos nos rescatamos", subraya también José Navas, quien cuenta que quedó bajo los restos del edificio en el tercer piso. Explica que junto a él había otros 10 hombres que estaban vivos y conscientes tras el terremoto, y que recibieron ayuda de otro hombre mientras ellos abrían un hueco lo suficientemente grande como para salir.
Foto
de Darwin, uno de los deportados del vuelo 164, en una pantalla de celular, en
La Guaira, Venezuela, en julio de 2026.Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Ese
lamento por la falta de asistencia de parte de las autoridades es una constante
en los relatos de los sobrevivientes y sus familiares, así como de seres
queridos de los que aún siguen desaparecidos.
"No
reaccionaron al principio. No había un funcionario del Sebin que estuviese
sacando escombros, nada. Estaban en shock", comentó un testigo.
Otros
testimonios recabados por BBC Mundo indican que, tras el terremoto, los agentes
del Sebin presentes se concentraron en rescatar a otros agentes.
"Los
policías que estaban ahí de guardia lucharon por sus compañeros. Luego, los
bomberos vinieron solamente a llevar personas, no a rescatar, no a sacar a
nadie de los escombros", comenta otro sobreviviente, algo que BBC Mundo no
pudo corroborar.
De
acuerdo con diversos testimonios, la primera ayuda externa en el hotel fue un
pequeño grupo de bomberos que llegó al lugar pasadas las 11 de la noche del 24
de junio (unas cinco horas después del terremoto).
Según
esos mismos relatos, inicialmente trasladaron a los heridos y luego, alrededor
de las 3 de la mañana, empezaron a ayudar a levantar escombros y a sacar a
personas, algunas heridas y otras muertas.
Los
familiares cuentan que, para su frustración, para el amanecer del 25 de junio,
los funcionarios del Sebin ya tenían cerrado el acceso al hotel.
"Esperando
para llevármelo en una caja"
La
misma tarde del terremoto, los familiares empezaron a preguntar en redes
sociales por el destino de los deportados y a recorrer hospitales y morgues
para intentar ubicarlos.
El
lunes, en La Guaira, José Rincón cargaba una foto de su nieto Abelardo Rincón,
de 23 años, en su teléfono. Estaba desesperado. Lo buscaba vivo o muerto.
"Fui
a reconocer más de 200 cadáveres. Los revisé uno por uno para ver si lo
conseguía y nada", le comentó a BBC Mundo.
Rincón
se acercó, como otros que buscaban a los suyos hasta el Hotel Santuario La
Llanada. Pero cuenta que no les dejaban pasar, que el acceso estaba trancado
por el Sebin.
En
el hotel "no hay vida", recuerda que le dijeron los funcionarios.
"Yo
estoy aquí desde hace días y el problema es que no nos dejan pasar. Si uno
pudiera ver lo que uno quiere ver… Si viera los escombros me quedaría quieto,
pero ya tengo días y no lo consigo (a mi nieto) ni vivo ni muerto. Entonces,
¿qué voy a hacer?", se pregunta Rincón.
Abelardo,
su nieto, llevaba seis años viviendo en Atlanta, la capital del estado
estadounidense de Georgia, donde se casó y vive su esposa, quien está por dar a
luz a una niña.
"Estoy esperando hasta lo último para llevármelo en una caja, como pueda, pero llevarme algo", se lamenta Rincón.
Foto
de Abelardo Rincón y de su brazalete de deportado en una pantalla de celular,
mostrado por su abuelo, José Rincón, en La Guaira, Venezuela, en julio de 2026.
Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Paola
Chacón es prima de Darwin Eliécer Serrano López, de 35 años, quien también
regresó a Venezuela en el vuelo 164. Tenía cuatro años viviendo en Estados
Unidos.
El
lunes, ella se mostraba resignada de que Darwin murió. Su lucha, dijo entonces,
era para que le entregaran el cuerpo.
"Aquí
nos vamos a quedar hasta que nos llevemos el cadáver de nuestros
familiares", le dice Chacón a BBC Mundo.
"Darwin
hizo una llamada a mi hermano en San Cristóbal (en el estado de Táchira, en el
occidente del país) a las 5:32 de la tarde, y en ese momento nos enteramos de
que estaba aquí", recuerda.
"Pasó
la tragedia. Vinimos a buscarlos. Manejamos toda la noche", agrega.
"Queremos
enterrar a nuestros familiares. ¡Por favor, ayúdennos! El estado de
descomposición es fuerte. Queremos que nos los entreguen, y reconocer y tener
la certeza que sí son nuestros familiares".
La
alegría triste de volver
Cuando
el vuelo 164, un Airbus A320 de la empresa de transporte Global X, comenzó a
acercarse a Maiquetía, el bullicio se apoderó de la aeronave.
Aunque
iban esposados y atados de pies y cintura, los deportados empezaron a expresar
la alegría de regresar a casa, cuentan quienes han hablado con BBC Mundo.
"La
gente aplaudía, había mucha alegría. Ya sabes cómo somos los venezolanos. Yo
les decía a los muchachos: 'Ya no se cumplió nuestro sueño americano, pero
vamos a seguir adelante'", recuerda Pedro.
Los
sentimientos de Navas eran un poco más matizados.
"Veníamos
con el corazón arrugadito. Si me preguntas si quería regresarme, para mí no era
el momento todavía", reconoce.
"Lo
que pasa es que uno dura tanto tiempo detenido en Estados Unidos que empieza a
asimilarlo y te dices: 'Bueno, voy a ver a mi familia, a mi mamá, a mis hijos,
a mi esposa, a mi hermana'. Lo asimilas y tu corazón se alegra. Así que ya
veníamos contentos. Queríamos que nos quitaran las esposas y estar en nuestro
país", comenta.
Una vez en el hotel, recuerda que los deportados se reunieron en un cuarto. "Cada uno contaba una historia. 'Ya quiero ir a una playa', decía uno. 'Las playas de Venezuela no son frías y las de EE.UU. son congeladas', comentaba otro".
Un
camión del Sebin, dos agentes y una periodista con chaleco que dice
"prensa" en La Guaira, Venezuela, julio de 2026. Fuente de la imagen,
Nicole Kolster
Ese
ambiente de júbilo y camaradería también se sentía en la habitación de mujeres
que le tocó a Ninoska Gutérrez.
"Felices
porque ya habíamos llegado a nuestro país, nos pusimos a echar cuentos, a
contarnos nuestras experiencias, cómo nos agarraron en Estados Unidos",
relata.
La
incertidumbre y los cuestionamientos
Aislados
del mundo en un hotel enclavado en una colina de La Guaira y despojados de sus
teléfonos celulares, los deportados del vuelo 164 no podían saber la magnitud
de la tragedia que les tocó vivir, ni que esta era compartida por gran parte de
los venezolanos.
En
sus testimonios y en los de sus familiares muchos se lamentan de la respuesta
"tardía e indiferente" de las autoridades.
Pero
su historia también está llena de gestos de solidaridad entre personas que, en
la mayor parte de los casos, no se conocían y cuyos nombres ni siquiera sabían.
Llevados
por la práctica tan venezolana de llamar a las personas por un apodo que hace
referencia a la procedencia, fisonomía o actitudes, fueron bautizados como
"el gocho", "el llanero", "el viejo".
Durante la tragedia también hubo uno al que apodaron "Superman", porque supuestamente saltó por una ventana en el momento de los terremotos. Según los relatos, no solo logró salvarse, sino que ayudó a rescatar a los que estaban atrapados y luego consiguió una moto para ir hasta la sede del Sebin en Maiquetía para pedir ayuda.
Personas
sobre escombros en las labores de búsqueda en La Guaira, Venezuela, julio de
2026. Fuente de la imagen, Nicole Kolster
Un
esfuerzo paralelo realizaron sus familiares en redes sociales. Unidos por la
desolación, intercambiaron información y crearon un grupo que llegó a sumar más
de 500 miembros, en el que compartían pistas para tratar de hallar a sus seres
queridos.
La
misma tarde de la tragedia, los familiares de los deportados empezaron a pedir
información en los comentarios del mismo post en el que Vuelta a la Patria
había anunciado la llegada del vuelo 164.
Es
allí donde ahora los familiares reclaman justicia.
"Exijo
justicia por la muerte de cada uno de ellos. Si el vuelo llegó en la mañana,
tuvieron que dejarlos ir con sus familias. De haber sido así, nada de esto
estuviera pasando", escribió la prima de uno de los deportados fallecidos.
"Ahora
estamos sufriendo la muerte de nuestro familiar, sin verlo desde hace 3 años
para que lo traigan aquí para morir".







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